LA BRÚJULA
Del cetro al topillo
LAS SINGLADURAS de los «príncipes que nos gobiernan», como decía André Malraux, brindan lecciones a veces útiles para los que, queriéndose ser ciudadanos se ven impelidos a continuar siendo súbditos. Tal como cosa me sucede, y en las últimas semanas con mayor intensidad teniendo a la vista el nuevo Gobierno de Castilla y León, que don Juanvi ha dibujado para común provecho. Vaya como leve respingo la «leonesidad» de Antonio Silván, tan leonés él; menos mal que gracias a su espíritu de sacrificio los restantes consejeros y consejeras no cesan de arriesgarse a una aguda tortícolis para divisar, sin velo alguno las aspiraciones de León, e incluso las del antiguo Reino. Pero hoy con su comprensión, fruto de la resignación quisiera hablar de Silvia Clemente. Sus desempeños los llevo observando hasta hoy; me basta una referencia a su labor como consejera del Medio Ambiente. Sin el menor ánimo de incordiar, le diré que mi primera visita por sus pagos terminó con un general «Silvia Clemente, terror del Medio Ambiente», lema que coreaban los manifestantes a favor del Medio Ambiente, tal como me aseguró Ismael González Millán, hombre de entera raza leonesa, profesor titular de la ULE y vicepresidente y portavoz de la Plataforma Valle de Conforcos. Bien, puede que estemos ante la incomodidad que suelen generar los propietarios rústicos. Tal vez se debe a mi condición no perdida de enseñante público y de ahí, mis reacciones ante el desempeño de Silvia Clemente en «Cultura». ¡Virgen Santa qué estropicio!». Doña Silvia se incorporó enseguida cuando la devolución de los papeles catalanes (singularmente aquellos clasificados por los especialistas enviados desde Cataluña y los clasificados también en Salamanca) y fue incapaz de distinguir un Archivo de una Biblioteca. Jamás he podido convencer a la hija única del ex ministro Francesc Cambó, Helena Cambó, de que figuraran dentro del botín, en mala hora proclamados por el gran novelista Gonzalo Torrente Ballester, pasaportes ya nulos para su padre y unas gafas de vista cansada. Como me decía uno de los nietos de Cambó, el domicilio familiar en Vía Layetana fue saqueado por vez primera por elementos anarquistas; y de nuevo fue saqueado lo que quedaba por un pelotón de tropas del ejército victorioso. Pero Silvia Clemente contribuyó a que la Consejería de Cultura adoptara argumentos propios del esperpéntico Julián Lanzarote. Con el máximo interés en la nueva singladura de Silvia Clemente que pueda coronarse con éxito, he de registrar su reciente y agitada carrera en la Consejería de Agricultura y Ganadería ya que no se ha visto orlada por un remedo de corona de laurel. Tan pronto como Silvia Clemente ha tomado las riendas del agro y de montones de bóvidos, han surgido, como «Greemlins» que estuvieran al acecho, manadas de topillos. Mis últimas referencias estadísticas muestran que estamos ante una situación caótica.