EN BLANCO
El pinganillo
NO, no crean que les hablo de la última danza de moda para este verano: el baile del pinganillo, corre, corre, que te pillo. Me refiero al sistema de radiotransmisores, más conocido como pinganillos, que será utilizado por los colegiados desde la próxima temporada futbolística, como ayuda a la ingrata labor arbitral. En la fotografía que ilustra el evento aparece en primera plana, ataviado con su característico y neroniano peinado, el trencilla leonés Rafa no me jodas, así bautizado desde aquella célebre exclamación de Mejuto González, otro punto de la misma cofradía, cuando nuestro muchacho cometió en Zaragoza el primero de sus históricos patinazos. No es el único apodo de Rafael Guerrero, también conocido como «El Solitario del balón», por los múltiples atracos futbolísticos que ha perpetrado a lo largo de su fructífera carrera. Le entra a uno la Quinta Angustia al ver a Rafa más chulo que un ocho y todo empinganillado, poniendo una expresión de «¿Mande¿?», como si a mí me explicaran la teoría de la relatividad en toda su extensión. El caso es que el chico lleva dentro el veneno de la ilusión y se le puede ver corriendo a trote cochinero por ciertos parajes capitalinos, con la sana intención de afinar las mollitas. Pero lo cierto es que comete unas equivocaciones que son como para centrarse, única y exclusivamente, en el mundillo de las manualidades. Y hay quien dice que se le ha ofrecido ser emblema publicitario de Ópticas el Cegatón: gafas y monturas para el línea más fallón. No acabo de creérmelo, aunque debo reconocer que si es domingo por la tarde, y está Rafa por el medio, la cosa suele acabar en catástrofe. Y ahora va tecnificado, armado hasta los dientes con el temible pinganillo. ¡Dios nos coja confesados!