TRIBUNA
Lucha leonesa, deporte autóctono por excelencia y algo más
Los destellos y reflejos que percibe el espectador aficionado a los corros de aluches, con un creciente interés, tienen dos nombres, Clemente y Héctor, por orden alfabético, querido lector. Seríamos incapaces de establecer un orden o prioridad, en cuanto a mérito deportivo, en dos luchadores que han logrado alcanzar la excelencia. Alguna vez se me ha dado la ocasión de manifestar que la ejemplar conducta de ambos deportistas está haciendo más por la lucha leonesa que cualquier otra ayuda exterior, en términos de emulación deportiva y ejemplo a seguir por la juventud leonesa, atrayéndola hacia la lucha de base y de ahí en adelante. Por fortuna, la lucha leonesa en su larga historia ha tenido luchadores ejemplares, tales como José Antonio Suárez, Sastrín de Rucayo , de quien tantas gestas se cuentan, un auténtico mito deportivo, de triste final con motivo de la mal llamada Guerra Civil española del año 1936. Cuesta trabajo creer alguna de las hazañas dada su escasa condición física para la lucha y podría estar magnificada su figura por un efecto García Lorca, dado el paralelismo en su trágico final. Sea bienvenido cualquier acto de desagravio en su recuerdo. Nombres históricos como Constantino López, de Paradilla, y Flaviano García, de Villaobispo, de Felipe León y Cayo de Celis, de Manuel González y Marinao Yugueros, quienes siguieron a Flaviano pasándose a la lucha libre, de los molineros de Carbajosa, Emiliano Elías, Castor y Patricio, de Jorge Yugueros, también judoca, a quien imitan en época reciente algunos luchadores en activo y muchos otros de acreditado mérito no citados por falta de espacio. Volviendo a Clemente Fuertes y Héctor García, buenos amigos, según creo, componen un dúo de una calidad inigualable, que contribuye actualmente a elevar la categoría deportiva de la lucha leonesa por encima de cualquier otra lucha celta, cuyo certamen anual se celebró en La Pola de Gordón en la primavera pasada. Asistimos a este evento deportivo, al que fuimos invitado y en donde pudimos comprobar la superioridad de la Lucha Leonesa en un sentido estético, de variedad de lances y mañas de gran belleza deportiva. A nuestro juicio el uso del «cinto» contribuye a una mejor calidad deportiva y estética. Hace años, en estas mismas páginas, el 15 de octubre de 1998, en un artículo titulado Lucha leonesa, ¿algo más que un deporte? , emitimos un pronóstico sobre Clemente, que militaba entonces en el peso ligero con el apelativo de El Junco. Entonces manifestamos que, dada la estructura física del joven luchador, estaría llamado a recorrer con éxito las categorías superiores, medios y pesados. En parte se ha cumplido ese vaticinio de años atrás como campeón de semipesados, que entonces no existía como categoría independiente. Clemente Fuertes sigue siendo un luchador realmente genial, con gran dominio de la técnica luchística, con lances de bella ejecución. Héctor es un luchador con una potencia increíble para su peso, que lucha con gran perfección, muy regular y prácticamente invencible en su categoría. Jamás le hemos visto protestar un fallo arbitral. Es todo un caballero. También un modelo a imitar y un gran deportista. Es cierto que la ejemplaridad interna en un deporte favorece su progreso a la vez que se ilusiona a la afición. Pero no lo es todo y no serviría de nada sin una gestión deportiva eficaz y previsora. En este sentido, y en el plano organizativo, se atisban buenas ideas y se trabaja, con entusiasmo, para un futuro mejor de nuestro principal deporte autóctono, tan poco favorecido por las nuevas formas de vida que tienden a despoblar el campo, origen y cuna de la lucha leonesa. Hoy en día y en un futuro previsible, la lucha leonesa necesita del medio rural y éste de la lucha. ¿Qué sería de la lucha de verano sin el apoyo de los ayuntamientos rurales? ¿Qué sería también de esos pueblos, ya sea de ribera o de montaña, sin celebrar su corro en el día de la fiesta mayor? A simple vista, como espectador en estos aluches veraniegos, parece que el deporte luchístico goza de buena salud si valoramos la asistencia y la atención y entusiasmo con que se siguen los combates en las tres categorías de que consta el certamen deportivo. Este es un buen síntoma. Pero la lucha leonesa arraigada en las márgenes del río Esla y de sus afluentes, extendiéndose hasta las montañas donde nacen en forma de riachuelos, debería extenderse también, y lo hace, aunque tímidamente, al resto de la provincia y aledaños. Con imaginación y los pies en la tierra, confiamos en los federativos de la lucha leonesa. No lo tienen fácil, aunque no es imposible. En este mismo periódico, con fecha 4 de enero de 1999, en otro artículo titulado Lucha leonesa. El nacimiento de una ilusión , escribíamos lo siguiente: «La lucha leonesa, por su carácter autóctono, popularidad, sabor didáctico, ejemplaridad deportiva, interés antropológico y social, empieza a ser algo más que un deporte. Es un orgullo del pueblo leonés» Lo ratifico de nuevo, ocho años más tarde. La señora Presidenta de la Diputación Provincial lo sabe perfectamente y a ver si se entera el señor presidente de la comunidad de Castilla y León, al que un día, hace años, le vimos como espectador en un corro celebrado en La Robla.