CRÓNICAS BERCIANAS
Carta a un ladrón de santos
DESALMADO mamón, ladrón de santos y pendientes de la Virgen de la ermita de Santa María de Vizbayo, en Otero (Ponferrada): Te escribo esta carta siendo consciente de que tu ignorancia y codicia te impedirá leerla, porque no me entra en la cabeza que alguien que haga lo que tú, -y puede que también alguno de tus colegas-, acerque la nariz a las páginas de un periódico. O a lo mejor me equivoco, y estás sentado en un magnífico sillón, -de esos de piel de leopardo, cual hortera sin escrúpulos-, en un despacho para traficar con lo que tanto valor sentimental, artístico y religioso tiene para muchas personas. Y hasta puede que vayas de rollo cultureta y que en tus reuniones de sociedad, -desconozco de si alta o de baja-, presumas de altruista y benefactor de la causa. ¡Estarás satisfecho de tu hazaña berciana!. Entras por una ventana (o a lo mejor encargaste a alguien que lo hiciera), y arramplas con lo que puedes para sacarte unos euros. ¿Qué vas hacer con la imagen de San Benito, o con lo que los lugareños de Otero llaman El Niño de la Bola?. ¿Y con los pendientes de la Virgen?, ¿No serás capaz de regalárselos a alguna de tus amigas?. Además, tengo otra duda, ¿Porqué robaste a San Benito y dejaste en el altar a San Cosme?. Quizá en el Íbex del mercado de la rapiña cotiza más el primero, aunque lo dudo. Que sepas, que aquí, en Ponferrada, en el Bierzo, ya le has dado argumentos a algunos políticos para darle leña a la Junta de Castilla y León, y también, de paso al PP, que para eso gobiernan y son los culpables de que un desalmado mamón como tú haga negocios con los símbolos de un pueblo humilde, con diez siglos de historia a la espalda. Porque sabrás que Santa María de Vizbayo es del románico de finales del XI. Y si no lo sabes, te lo cuento. Que sepas también que nos lo estás poniendo difícil, porque no podemos situar un vigilante detrás de cada sacristía para darte en las orejas con la escoba cuando metas la cabeza por un ventanuco de una iglesia. Ahora, con la que has armado, ya se ha desatado el debate social de si tenemos que sacar a todos los santos de las iglesias que hay por los pueblos y meterlos en un museo, con rejas, candados y rayos láser como los de la película del Tom, aquella de Misión Imposible. Estoy seguro de que tu madre le habrá rezado alguna vez a algún santo. Puede que al San Benito que has robado. Por eso al menos, aunque sólo sea por tu madre, deja los santos, los pendientes, la corona de la Virgen, la llave del sagrario y todo lo demás que te llevaste. Todo metido en un saco. Llama después desde un teléfono público a la policía o a la Guardia Civil y diles dónde lo has dejado. Y te doy un consejo: para que no te cojan, ponte guantes y no dejes las huellas. Aunque también te digo, El Solitario se blindaba y fue pillado. Vamos, que más tarde o más temprano, caerás. Y después de echarte la bronca, te aconsejo que te dediques a otra cosa más provechosa. ¿No te da vergüenza?: ¡A tu edad, robando santos!. ¡Vamos hombre!, no seas más imbécil de lo que se te presupone. ¡Sí!, ¡sí!, ¡llora ahora, mamón!. Llora de mayor lo que no has llorado de niño. Y por último, atentamente te reitero que dejes de tocarnos los santos, ¡capullito de alhelí!.