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ANTONIO PAPELL
León

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EL VIERNES habrá consejo de ministros y Zapatero ya ha anunciado sendos mítines para el próximo sábado, en Galicia, y para el siguiente, el tradicional de los mineros leoneses en Rodiezmo. En definitiva, todo indica que ha comenzado ya la precampaña electoral que nos acompañará incesantemente hasta las elecciones de marzo. Demasiado tiempo sin duda para un debate ideológico que se prevé por añadidura escaso y poco consistente. De cualquier modo, dos son los asuntos de interés que comenzarán a dirimirse: la definición del espacio político en el que pretende ubicarse el PP para intentar la conquista del Gobierno y las líneas maestras de la oferta socialista, después de desarrollar un programa electoral -el del 2004-muy poblado de propuestas concretas que ya se han materializado, por lo que cabe imaginar que el PSOE puede tener dificultades para plantear un nuevo abanico atractivo de sugerencias y líneas de progreso. El PP, que llega a este curso político en horas bajas -tras haber perdido Rajoy el debate sobre el estado de la nación y haber padecido el impulso arrollador de un Zapatero exultante que ha renovado el Gobierno para afrontar mejor el tramo final de la legislatura-, tiene, efectivamente, que marcar territorio. Los hitos que lo enclavan en este momento son los resultados de las elecciones municipales y autonómicas (que han puesto de relieve que, junto a los graneros valenciano y madrileño, el PP tiene agujeros negros en Cataluña y en Andalucía); la marcha de Piqué, que es una victoria de los duros de Génova; la arremetida de Ruiz-Gallardón, quien sigue postulando el centrismo y la moderación; el contratiempo navarro, que ya pone de manifiesto otra forma de oposición, más tranquila y desde luego respetuosa con el Gobierno central en materia de política antiterrorista; la presencia hasta ahora muda pero bastante explícita de Rodrigo Rato; y la amenaza de ETA, que podría materializarse en cualquier momento. Con estos mimbres, y sobre la base de una mayor incertidumbre económica apenas intuida por la opinión pública, tiene Rajoy que perfilar su oferta, que será la última que haga si fracasa puesto que sus propios conmilitones no le darán una tercera oportunidad. El PSOE, por su parte, tratará de sacar adelante una serie de proyectos sociales ya anunciados y en trámite, de desarrollar las grandes leyes -como las de Dependencia e Igualdad- recién promulgadas y de consensuar los presupuestos generales del Estado, una tarea ardua pero no imposible en estos momentos. Entre los proyectos de ley que podrían ser aprobados en lo que resta de vida parlamentaria -las Cortes se disolverán probablemente en enero- destacan la ley de Memoria Histórica, la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial y la de derechos y deberes de la Guardia Civil. Asimismo, es de suponer que los socialistas comenzarán pronto a desgranar sus propuestas programáticas electorales. De momento, ya se barajan la consecución del pleno empleo -designio que incluye acciones especiales en las comunidades autónomas con más paro- vinculada a nuevas medidas para acentuar la estabilidad laboral, así como la universalización de la educación infantil -actualmente sólo cubre el 25% de las necesidades-. Hoy por hoy, la gran preocupación gubernamental es Cataluña, comunidad en la que el PSOE ha obtenido siempre una sensible y decisiva ventaja con respecto al PP; el Ejecutivo cree que la inminente llegada del AVE, la mejora de Cercanías y el activo papel que desempeña a pie de obra el secretario de Estado de Infraestructuras Víctor Morlán le permitirán recuperar el terreno perdido. Definitivamente, las espadas están en alto. Nos aguarda un largo y tedioso combate de esgrima hasta las elecciones de marzo. Ojalá que al menos surjan del maregmágnum ideas y propuestas beneficiosas para todos.

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