Publicado por
JESÚS MARÍA CANTALAPIEDRA
León

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HACE MUCHOS años, allá por los 65, 66 y 67, mi amigo leonés José Luis Bayón y el que suscribe (éramos veinteañeros) nos afanábamos en la organización de la Exposición Internacional de Artes Aplicadas, que, finalmente, se celebró en el pabellón número 1 de la Feria de Muestras de Barcelona, con la participación de más de veinte países. La idea era simple, aparentemente, aunque laboriosa su puesta en escena, previa búsqueda y selección en toda Europa de las empresas interesadas. Se trataba de mostrar la mayor parte posible de productos de manufactura industrial o manual que tuvieran un diseño singular y bello, a pesar de lo prosaico de su fin en algún caso. Muebles, esquís, audífonos, telas, vajillas, utillaje, lámparas, pianos, etcétera; toda una serie de elementos de uso cotidiano distintos y a veces agresivos para las modas al uso. Así que, rodeados de tanta belleza (era como trabajar para un extraño museo) y a la vista que lo que pulsábamos tanto en Madrid como en Barcelona, principalmente en el vulgar paisanaje o bestiario urbano, entre bromas y veras, decidimos fundar el Instituto Nacional del Buen Gusto. La verdad es que ninguna institución nos hizo caso pero, aparte de hacer muchas risas, nos consolábamos diciéndonos: «Quizá nos hemos adelantado, pero ya verás como dentro de veinticinco o treinta años este país habrá cambiado y conseguirá erradicar tanta vulgaridad y tanto mal gusto civil. Mas, vive Dios que nos equivocamos. Malgré moi, pasaron los años y la cosa fue a peor. Va a peor. A mucho peor. Me refiero ahora al paisanaje. En especial al aspecto vestimental de muchos/as adolescentes y más talludos/as, no al actual diseño industrial, sorprendente por su originalidad y sensatez estética. En la retina de todos está el modo de vestir de ellas y ellos. Me refiero a quienes ni siquiera han alcanzado la juventud. Andarán por los trece o catorce años. De abajo a arriba nos encontramos con los siguientes atuendos: botazas semideportivas y enormes de color negro, con una especie de muelles de caucho para parecer más altos. Casi todos/as son retacos/as a sus trece añines. Otra cosa son esos vaqueros anchísimos de tiro bajero (no se sabe dónde comienzan las piernas), con el cinturón situado muy, pero muy cercano a zonas lúbricas innombrables. En cuanto a la parte trasera, es decir, culera, muestran al mundo cruel cierto canalillo escatológico adornado, eso sí, con la parte superior del tanga; una especie de cinta de color lila a la que se le adivina cierta sudorina ascendente, si tenemos en cuenta su procedencia. Y sigo. Para compensar la latitud de donde debería encontrarse su cinturina infantil, la camiseta finaliza muy por encima del ombligo. Mucho. Las pobres criaturas (les da igual que sea verano o invierno), me cogen unas cistitis horrorosas. Estoy por asegurar que la moda está promocionada por la Asociación de Urólogos Reunidos. Tampoco les importa, en algún caso, que el michelín circunvalatorio no les deje ver el suelo de esta bendita tierra. Por razones de opacidad ventral, es imposible. En cuanto a las uñas, pinceladas de color negro o verde botella, les proporcionan un aire ciertamente ademoniado. Y qué decir de muchos cuarentones/cincuentones que para ir a la piscina se disfrazan de guiris. Suelen portar pantalón pirata, camiseta sin mangas, esas de chico malo, visera amarilla y mariconera verde pistacho. Al tiempo, increpan a su niña (la del ombligo al aire y trece añines). «Si vas dando saltos por la calle, esta noche no vas al pub». En fin, la relación de esperpentos, zafiedad, vulgaridad y malos modos, siguen plagando el país como si de invasión de topillos se tratara. De las televisiones patrias, ni comentario. Concursos gilipuertas, entrevistas necias, películas mentecatas y anuncios en los que todo cristo se ríe para promocionar un yogur, por ejemplo, están acabando con la paciencia del más templado. Y, hablando de televisión, paso ahora a darles unos consejos publicitarios, prometiendo solemnemente no poner publicidad de colchones de latex ni de créditos express. No se marchen.

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