Diario de León
Publicado por
CAMINO GALLEGO
León

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AL REGRESO de las vacaciones, cuando de nuevo uno se reencuentra con su ciudad y sus gentes, se nota algo distinto. Es una sensación que puede durar instantes, varias horas e incluso días y creo que debe atribuirse a que nuestro cerebro ha recibido imágenes nuevas que nos hacen comparar lo ya conocido y verlo de otra forma. Todos hemos encontrado alguna vez a León más pequeño, soleado o bullicioso, en comparación con el recuerdo que nos queda en la retina de los últimos lugares visitados. Cuando estoy en otra localidad voy siempre comparando cosas con lo que tenemos aquí. Huelga decir que las comparaciones son odiosas y que, en justicia, pocas veces sale nuestra ciudad triunfante en el paralelismo. No se trata tanto de que en El Burgo de Osma no se muevan los adoquines en la zonas peatonales, ni de que la mala iluminación de Potes sea comparable a la de muchas zonas de León, o que la señalización e información turística de Lois sea digna de copiarse en la capital. Hay cosas que me duelen porque me gustaría que en esta ciudad fueran igual, porque evidentemente son peores. Después de visitar en vacaciones más de una decena de ciudades de esta comunidad, Cantabria, Baleares y Portugal debo reconocer que ninguna tiene como León tantas pintadas y carteles en fachadas y mobiliario urbano. Somos únicos. El grado de suciedad viaria en este aspecto es máximo. ¿Por qué no ocurre así en otros sitios? Hemos dejado que un grupo de gamberros ensucien propiedades privadas y públicas. Ahora que tan bien vista está la prestación social debería castigarse a estos pintores a dejar limpias las paredes que ensuciaron. Los fines de semana por la noche podrían utilizarse en estas tareas. La ciudad quedaría limpia y seguro que se disuadía a muchos de hacer de las suyas.

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