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MARÍA J. MUÑIZ
León

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RECONOZCO que sobre según qué cosas me cuesta posicionarme. Hay asuntos que me salen de la barriga, y los defiendo quizá sólo por eso, porque son cosas de mis entretelas; y otros en los que todo el mundo lleva parte de razón, y no me decido. Me pasa con la ahora Sama-Velilla, asunto que seguramente tiene más de cabeza de que vísceras, aunque sobre ambas sensibilidades hay argumentos tan potentes como encontrados. Conveniente o no, necesaria o caprichosa, la línea tiende de nuevo su sombra sobre la montaña leonesa. El lunes los técnicos de REE iniciarán la tournée uno a uno por los pueblos afectados. Llegarán, eso sí, con el maletín de las compensaciones. Pocas o muchas, eso dependerá de la capacidad de regateo de los munícipes locales. Lo que no se entiende es que quienes rechazan la línea permitan estos vis à vis en los que la capacidad negociadora está desequilibrada de antemano, y no se organicen para presentar un planteamiento en el que, cuando menos, el número haga la fuerza. ¿Qué haría el alcalde de Villatripas de Abajo en un tête à tête con un equipo de negociadores profesionales armados con polideportivos e infraestructuras, collares y espejos para el trueque por sus montes? Una, aficionada que es a los toros, sabe que en tardes en las que se barrunta gloria la reventa se pone por las nubes. Y la controla personal con pico y picardía imposibles de igualar. Puedes tirar la casa por la ventana y agenciarte un tendido, o dejarte chulear por una modesta localidad de andanada. Pero intentar engañar a un reventa es pretensión sólo de pollos engallados que suelen resultar al final los más desplumados. ¿Quién desenladrillará entonces la negociación de las compensaciones por la línea de alta tensión?

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