Diario de León

TRIBUNA

La plaga de los topillos y el flautista de Hamelín (I)

Publicado por
ANDRÉS ZORITA CALVO
León

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LAS RATAS y los ratones, son un serio problema porque provoca grandes pérdidas económicas y son reservorio de muchas enfermedades humanas y de los animales domésticos: leptospirosis, triquinosis, salmonelosis, virus Hanta, la rabia, etcétera. Parece ser que en Castilla y León la presencia del topillo (Microtus arvalis) era escasa proviniendo de zonas de media montaña. Seguramente el origen de estas plagas es multifactorial. Es probable que el clima -la sobreoferta alimenticia derivada de años lluviosos y con temperaturas suaves es determinante-, y la acción humana en su doble vertiente, bien los cambios agrícolas, o bien la alteración provocada en la predación. Como resultado los predadores tienen probablemente una redistribución heterogenea y cambios en su comportamiento (basureros de grandes núcleos y red de carreteras que los alimentan). De esta forma, aparecen nuevos microhábitats favorables para los topillos, dando lugar a explosiones demográficas. La agricultura y la tularemia . Pertenecemos a una comunidad donde la agricultura, la ganadería y el medio ambiente son las grandes «empresas estrella» que tenemos que mimar. Cuando mejor les vaya a los agricultores, mejor para todos. A los agricultores, donde tengo grandes amigos, les deseo lo mejor, pero no comparto muchas de sus acciones y decisiones, algunas otras sí porque, saben del campo. El daño de la plaga de topillos sin duda, ha menoscabado la economía de algunos agricultores y la amenaza del resto pone en nerviosismo y alerta máxima a este colectivo que ha ejercido una fortísima presión. Hay que ser solidarios, pero ellos tienen que ser responsables para mantener el respeto social y su prestigio en el futuro. Su aliento sobre la nuca de «políticos» -que hacen de la política su modus vivendi-, puede llevarnos a todos al desastre, con determinadas acciones cuyo resultado es acallar y tranquilizar, pero no resolver. Los que defendemos el medio ambiente estamos de acuerdo totalmente con los agricultores, pero discrepamos lógicamente en las soluciones dadas. Que se debe ayudar al que lo haya sufrido, es lo suyo, que el resto trate de obtener compensaciones económicas, también me parece lícito que lo «intenten». En este sentido la tularemia ha sido a mi juicio utilizada como argumento de presión y atención sobre el problema; y los agricultores lo hacen inteligentemente vinculándola a la plaga. Efectivamente, la Francisella Tularensis, es una bacteria que no cité al inicio intencionadamente para hacerlo ahora, porque no es el peor patógeno de la lista especialmente en Europa donde se da el tipo B (menos virulento que el A), puede ser transmitida por el topillo, pero existen además otras muchas especies animales susceptibles de ser infectadas. Son muy importantes las garrapatas del ganado y las de las liebres. No obstante conviene señalar, como apunte en lo que respecta al secano, que la cosecha de cereal se ha incrementado un 30% en esta campaña con respecto al 2006 y el 50% a la del 2005 con la misma superficie de siembra, y de una calidad especialmente buena. En las últimas semanas, se han vertido en diferentes medios de comunicación opiniones en contra de la siembra directa -beneficiosa para el medio ambiente, porque favorece la biodiversidad-, argumentando que arar destruiría las galerías. Se ha demostrado que esto no es así, porque no se destruyen y porque en muchos lugares con «siembra directa» no hay topillos. Dentro de las medidas tomadas por la Junta han sido autorizadas el laboreo de profundidad, la limpieza de cunetas y la quema de rastrojos. Medioambientalmente, quemar -que no ha sido eficaz, pero a los agricultores les ha gustado- y arar es sinónimo de desertificación, porque dejan el suelo desprotegido a la erosión, y afectan negativamente a la media materia orgánica, capacidad de retención de agua, etc. Desde el punto de vista económico, barbechar en el secano a la antigua usanza (arar, binar, terciar) supondría gastos elevados (gasoil, neumáticos, tractores), así que no creo que muchos agricultores se pongan a realizar una labor profunda de volteo, especialmente en fincas de calidad deficiente. El tratamiento aplicado. La clorofacinona. Con el descubrimiento de los anticoagulantes, y su desarrollo como venenos para ratas y ratones, se incrementó la eficacia y seguridad del control de roedores en relación a la utilización de los venenos de acción inmediata (fosfuro de zinc, sulfato de estrictina, etc.), que actúan rápida y drásticamente, desarrollando en ratas y ratones un recelo contra el veneno, además de una cadena de envenenamientos y no existe antídoto. Por su acción lenta los venenos anticoagulantes -matan alrededor de las 28 horas o incluso varios días- no producen recelo y existe un antídoto. todos los rodenticidas anticoagulantes poseen el núcleo básico Cumarina o Indandiona; ambas estructuras químicas son semejantes a las de la propia vitamina K y la suplantan. Su mecanismo de acción consiste en interferir a la síntesis normal de los factores para la coagulación de la vitamina K. El Sintrom utilizado en Medicina es una cumarina. La Clorofacinona utilizándose actualmente en la plaga de los topillos es una indandiona. Es altamente tóxico para los roedores mientras que tiene una toxicidad reducida para los humanos. La muerte les sobreviene a los roedores por hemorragia. La práctica . Su eficacia y medio ambiente. Hasta aquí la teoría; opinemos sobre la eficacia en la práctica, ya que el veneno se echa en el campo, en cientos de municipios de la comunidad, no en un recinto industrial, y aunque la clorofacinona se ha dicho que es un veneno de dosis única, se necesitan dosis múltiples según algunos estudios y con más razón en el campo donde existe oferta alimenticia abundante, y comen mucho «verde» que tiene vitamina K -el antídoto-. Junto a esto se ha visto que en condiciones de laboratorio sobreviven otro porcentaje de animales porque tienen resistencia genética, traspasándose de generación en generación. De manera similar, exposiciones subletales al tóxico, cosa que es fácil que ocurra en el campo, facilitaría la aparición de individuos resistentes dentro de la población. «Hacerse la foto con carretillas de topillos muertos, es fuego de artificio», ya que el factor más importante para valorar la eficacia del tratamiento es el número de los roedores vivos que quedan, dado que la capacidad de reproducción es tan alta que las poblaciones pueden recuperarse rápidamente después de un programa de control poco eficaz. Si a esto añadimos que los animales tienden a rechazar el cebo si disponen de adecuadas fuentes de alimentación. Con los rodenticidas anticoagulantes se han descrito intoxicaciones en perros, gatos, ovejas y en personas. La gran mayoría de esas intoxicaciones en personas sucedieron por ingestión del producto, y fueron de etiología accidental y evolución favorable. La Junta ha dispensado el veneno en tubos de plástico para evitar que otras especies útiles resulten intoxicadas, ¡¡otra vez la teoría difiere de la realidad!! Resulta que en el campo el cebo se sale porque se tira mal, los sacan las hormigas, los ratones, etc. Creo útil llevar un control y anotar el emplazamiento de todos los cebos para facilitar la inspección, renovación y posterior recuperación, y no me parece que esto se esté haciendo, seguramente porque no se puede. En mi opinión el método de aplicación no es en absoluto «selectivo» y pudiera provocar la intoxicación no solamente a topillos, sino otras especies granívoras. La muerte de estas especies propiciaría a su vez que otros animales como las rapaces o carnívoros como el zorro, el lobo, y omnívoros como el jabalí ingieran estos animales muertos y puedan verse afectados por el veneno ya que, como he mencionado, el veneno permanece durante algunos días en el organismo. La merma de predadores naturales supondrá que el papel que realizan de control de roedores no sea el deseado, ni ahora ni en años venideros, cuando la población de topillos esté estabilizada. En zonas de Sahagún con abundantes topillos, y donde no se ha «tratado» -gracias a Dios- he podido comprobar personalmente que «en menos de un mes» espontáneamente ha decrecido abrumadoramente el número de topillos, quizás por el calor, quizás por las tormentas, quizás por la disminución de la temperatura nocturna (muy importante), pero no por el veneno. El Ministerio de Sanidad y Consumo clasifica esta sustancia como de muy tóxica y peligrosa para el medio ambiente. En general los métodos «no selectivos» están prohibidos por la ley, por lo que deben acogerse al régimen de excepcionalidad, lo que exige una muy sólida argumentación.

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