Publicado por
JESÚS MARÍA CANTALAPIEDRA
León

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NO SE refiere el título al camino cósmico que conduce a Marbella, ni a la deseable partida o apresamiento de todos los mamones que por allí pululan igual que en otras poblaciones más o menos cercanas. No. Se pretende aludir a la singular marcha de madres leonesas dando el pecho a sus criaturas de forma itinerante, con apoteosis final en la Plaza de la Catedral, durante las tradicionales fiestas de San Froilán. Las críticas arrecian, en algún caso, porque no enmarcan la pública alimentación de lactosa, manteca y caseína en la tradicional conmemoración del santo. Y no me lo explico. El acto de amamantar o mamar, es una de las actividades más tradicionales de la historia de este controvertido mundo. Tradicional y festiva. También, como se ha demostrado, beneficioso para la salud del recién nacido. Pues menudo festín se dan los bebés nada más aparecer a la luz. El arriba firmante fue criado con leche materna y, de momento, con la edad que tiene, va tirando. Por cierto, la propia Junta de Castilla y León ha organizado la llamada Semana de la Lactancia, con el fin de promocionar tan entrañable y ecológico medio de alimentación infantil. En otro orden de argumentos, desde luego, la muestra es mucho más legendaria que la de los pendones. Al fin y al cabo los pendones y pendonetas no alcanzan más allá de unos cuantos siglos. Hay quien propuso, asimismo, que la marcha lactante debiera haber participado también en la celebración de las Cantaderas, siempre y cuando la curia se pusiera de espaldas durante el tragantón. A la hora de las danzas de las Cien Doncellas y el tañer de dulzainas y caramillos, hubieran vuelto a dar la cara al frente y, aquí paz y después gloria. Una pena que la idea de las concejalas de Bienestar Social y Fiestas, no haya sido original. Hace unos unas semanas se organizó en Madrid, frente al Museo del Prado (también en Barcelona) otra comilona láctea de las mismas características que la que ahora se nos anuncia para nuestras fiestas del patrono de la provincia. ¿Como espectáculo? Ver mamar a un niño es una visión entrañable, íntima, hermosa, que no tiene nada de superficial. No obstante, insisto, íntima. Nunca una actuación multitudinaria. En el Museo del Prado, un cuadro de Alonso Cano propone una Virgen (la Virgen y San Bernardo junto al Niño) en tal actitud. Y en el museo de la propia catedral de León. Así y todo, hay que saber copiar las cosas buenas. Miren ustedes si no, la cantidad de reproducciones de Rómulo y Remo, fundadores de Roma, mamando de la loba Luperca como si nada. Y nadie se asusta. Y menos los lobos. Otra cosa es el frío que puedan pasar por estas latitudes tanto madres como niños. A 840 metros de altura, en la Plaza de la Catedral, «los vientos gélidos son súbita locura¿». Y no digamos los cuchillos heladores de la calle Ancha. Abríguense, por favor. Otro tema es el de los expectantes espectadores. Todos sabemos que el carácter leonés es muy zumbón a la par que retranqueado y dado al chascarrillo soez y facilón, cuando una iniciativa se adorna con alguna carga de morbo. El lugareño es así. ¿Harán fotos con los móviles y las colgarán en Internet? En fin. Por experiencias vividas, el político/a, es muy proclive a inventarse eventos (no es éste el caso pues ya estaba inventado) con el fin de dar que hablar aunque sea para bien. Hay que pasar a la posteridad al precio que sea. Y, digo yo, puestos a ello, ¿por qué no pintar de blanco lechoso la catedral con motivo del acontecimiento? Quedaría preciosa. Y, ¿por qué no organizar el Tributo de las Cien Madres. Sería más justo y verdadero. Al fin y al cabo, hay serias dudas sobre el Tributo de las Cien Doncellas, más cercano a la leyenda que a la realidad histórica. La lactancia sí es un tributo no ominoso, cierto y generoso. Lo demás (Cantaderas, sotaderas, timbales, etc), pudieran ser, solamente, cuentos morunos. Y en esas estamos.

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