Diario de León
Publicado por
FERNANDO ÓNEGA
León

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NO HAY más que ver el fuego y cómo quedó el coche: es lo que puede hacer un kilo de amonal. A la vista de la crueldad, sólo hay un juicio inicial de la intención de los terroristas: no es que fueran a matar a Gabriel Ginés, militante del PP y escolta de un concejal socialista. Iban a no fallar y a destrozar al hombre. E iban, al mismo tiempo, a enviar un mensaje a la sociedad y a la clase política: ETA sigue ahí; tiene capacidad para asesinar; y puede responder con mayor o menor tino a las actuaciones del estado de derecho. ¿Estoy diciendo con esto que el atentado de Bilbao ha sido una reacción al encarcelamiento de los dirigentes de Batasuna? Es una tesis que se puede mantener; pero muchos años de crónicas de atentados nos han dejado una amarga lección: ellos siempre tendrán una disculpa para poner una bomba. Desde el momento en que declararon abiertas las hostilidades después del periodo de contactos con el gobierno, lo han intentado varias veces. Han utilizado coches bombas. Han intentado destruir un cuartel de la Guardia Civil. Han hecho explotar un artefacto en una comisaría de la Ertzaintza. Si alguna novedad relativa ofrece el atentado de ayer es que se dirigió contra una persona concreta; quizá contra la persona que les resultó más fácil dentro de su lista de objetivos. Y no le demos más vueltas. Lo llamativo es cómo reaccionó el jefe del gobierno vasco, señor Ibarretxe. Aparentó sorprenderse como si ETA se hubiera reorganizado ayer. Dijo esas frases tópicas del punto de inflexión, el camino hacia ninguna parte y el destino de lo s vascos que los terroristas no van a desviar. Pero hombre, lendakari, ¿qué ocurre? ¿Es que le habían prometido a usted una tregua? ¿Es que sus informes sólo detectaban actuaciones terroristas contra edificios o construcciones deshabitadas? ¿O es que le han desbaratado algún sueño de conseguir que las alimañas se desarmen por el hecho de intentar un nuevo plan soberanista? Como siempre, hay que repetir que la barbarie terrorista no tiene más explicación que el terror mismo. Hay mucho terrorista en la cárcel, pero bastantes libres, que saben cómo construir una bomba y cómo ponerla bajo un coche. Y este cronista piensa que, a corto plazo, no dependemos de los éxitos policiales ni de las medidas políticas (de cerco, naturalmente), sino de la mano de Dios que haga fallar los explosivos. Por lo demás, ¿vamos a consumir nuevas energías en reclamar unidad de los partidos democráticos? ¿Vamos a tener que pedirles que no se peleen por esto ni hagan de esto mercadería electoral? Espero que no sea preci so. Los atentados son siempre crueles, pero tienen una dramática virtud: recordarle a la clase política que ya es mayor de edad.

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