DESDE LA CORTE

Un buen día para hacerse juancarlista

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FERNANDO ONEGA
León

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LO SIENTO por el presidente del Gobierno, pero la vida es así: el Día Nacional de España de 2007 quedará como el día del gran abucheo a Rodríguez Zapatero. Es «un clásico», como él mismo diría después, pero incluso los clásicos tienen su graduación, y parece que este año se batió el récord de decibelios. Entre el calentón electoral, el incendio de Rajoy y sus banderas, el clima de presión independentista y la tirria del nacionalismo español, mientras Zapatero sea jefe del gabinete, tendrá ese acompañamiento de pitos. Hay que añadir de inmediato que, como Zapatero ya cuenta con eso, sabe reaccionar con buen tono, por no decir talante: «cada cual hace uso de su libertad de expresión donde quiere». Creo que ese abucheo salvó a Mariano Rajoy de otro balance igualmente negativo: no fue escuchado en su invitación a lucir la bandera nacional. Aunque hoy se publiquen fotos de balcones vestidos de rojo y amarillo, en Madrid, única ciudad que he visto, han sido una rigurosa minoría. Una de dos: o la gente no tiene banderas, o también hizo uso de su libertad de no abanderarse. Creo lo último: se practicó tal partidismo con la enseña nacional, que los ciudadanos optaron por no identificarse. Desde luego, el PP cosechó ayer muchos menos balcones que votos en las elecciones municipales. En adhesión popular, Zapatero y Rajoy han empatado. Uno, por silbidos. El otro por falta de seguidores. Quien tuvo seguidores ha sido el Rey. Dicen las crónicas que la recepción del Palacio Real ha sido espectacular. A mí, por número de personas -medible en la facilidad de moverse por corrillos y salones- me pareció similar a la de años anteriores. Pero había otro ambiente: más caras jóvenes, más «España plural», más sectores representados y más personalidades que hemos anotado como símbolos. A su cabeza, Alfonso Guerra. Le pregunté si debíamos tomar su presencia como un gesto de apoyo a la Corona en un momento especial, y me lo confirmó. Era el tono que más se podía percibir: «Había que estar aquí». Quienes estuvimos allí -lo de menos es el número- fuimos a prolongar los vivas al Rey de la calle. Al final, creo que este 12 de octubre fue un buen día para hacerse juancarlista. Aparcadas por unas horas las peleas, las imágenes que quedan son las de un pueblo que quiere y aclama a su Rey; las de una España política que está a su lado, con la única ausencia testimonial de los partidos nacionalistas; un clima de respeto y adhesión que se descubre en las palabras y los gestos; y una serenidad que fue como un remanso entre los silbidos de las balas. Aunque los autores de la crispación estaban en los mismos salones, la cercanía del Rey transmitía una saludable, una tranquilizante sensación de paz.

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