Publicado por
FERNANDO ONEGA
León

Creado:

Actualizado:

¿Y DÓNDE ESTÁ la «España serena»?, habrán preguntado miles de ciudadanos al ver que Rodríguez Zapatero proclamaba al PSOE el partido de esa España. Hasta ahora, la impresión que teníamos era la contraria: que España es la nación del cabreo, y Madrid su capital. Madrid es la ciudad donde los micrófonos rugen, los diarios estallan cada mañana y los políticos se contagian de furia. Los estados mayores de los partidos son lugares de pensamiento, pero sólo piensan una cosa: cómo dar una dentellada al adversario. Y en esas condiciones, el jefe del gobierno reclama el liderazgo de la «España serena». ¿Dónde está, señor presidente? ¿En qué escondido arcano se oculta, que no alcanzamos a verla? ¿Con quién habla usted, que no le transmite la irritación del ambiente? ¡Oh! Sólo es una frase feliz, una aspiración, un sueño de gobernante: la nación que a él le sigue, la que le vota y le aclama en los mítines, es la nación de la buena gente, que quiere el cambio tranquilo, que confía en el poder y que no siempre tiene cauces de expresión. Por eso, otros gobernantes, demócratas y autoritarios, se han escudado siempre en la «mayoría silenciosa». La mayoría silenciosa es hoy la España serena. Y Zapatero, su líder. Naturalmente, hablar de un país con esa cualidad, en los términos de partido en que lo hizo el presidente, supone reconocer la existencia de otra: la nerviosa, la inquieta, la crispada, la que contempla todo como una desgracia derivada precisamente de la gestión de este gobierno. Lo malo es que esa sociedad no es silenciosa: tiene medios de agitación. Lo muy malo es que no está en un solo partido: abarca desde la derecha extrema a la izquierda desencantada, pasando por los nacionalismos. Y lo pésimo es que no presenta síntomas de serenarse: cuando apenas se le ha pasado su irritación por las cuestiones de Estado, empieza el cabreo por las cuestiones de la cartera. Se vio representada en el abucheo del desfile de la Fiesta Nacional. Hecho este retrato imaginario, el señor Zapatero efectuó una propuesta inteligente y útil. Inteligente, porque invocar la serenidad es una forma sibilina de denunciar irritación en los demás. Útil, si responde a convicciones de fondo. Por ejemplo, éstas: no perder hoy los nervios, traiga lo que traiga Ibarretxe a su cita en La Moncloa; situarse en un territorio que podríamos llamar centrista; entender la serenidad como una actitud ante la vida que rechaza el nerviosismo y la provocación; y gobernar desde la firmeza que proporciona la razón. Sugestivo, ¿verdad? Limitemos las ilusiones: quizá sólo sea un eslogan electoral. En ese caso, en marzo no tendremos que elegir sólo a un gobierno. Tendremos que elegir entre cabreo y serenidad.

Cargando contenidos...