EN POCAS PALABRAS
China y la hipocresía
EL PARTIDO COMUNISTA chino está celebrando su congreso con la manifiesta obsesión de transmitir al mundo una sensación de estabilidad y de normalidad en vísperas de los Juegos Olímpicos, que serán el mayor escaparate del país ante el mundo. Ya es conocido que nada va a cambiar en los próximos cinco años, que los derechos civiles continuarán perfectamente sojuzgados, que el pluralismo deberá aguardar mejor ocasión, que persistirán la esquizofrenia y la injusticia de un capitalismo salvaje en un ámbito autoritario. El mundo mira hacia otra parte. Es patente que no van a cumplirse las promesashechas al defender su candidatura olímpica. Y nada indica que la indiferencia planetaria ante la ominosa dictadura vaya a cambiar: China se está convirtiendo a pasos agigantados en una gran potencia. Los escrúpulos de la comunidad internacional sólo sirven para países pequeños -Cuba, Corea del Norte, Libia, Irak-, que no pueden hacer gestos amenazantes. En los juicios sobre China, que ya disfruta de un arsenal nuclear, la hipocresía está perfectamente autorizada.