Diario de León

TRIBUNA

Hombres contra la violencia machista «Paquina», una rosa roja para la memoria histórica del Bierzo

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ASOCIACIÓN PROMETEO HOMBRES POR LA IGUALDAD-LEÓN JOSÉ GIMÉNEZ MARTÍN
León

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CASI dos veces por semana, como media, nos encontramos en España con la noticia de una mujer asesinada por quien ha sido su pareja. Niñas y niños también son objeto reiterado de maltrato. Miles de hombres sufren lesiones o mueren violentamente a manos de otros hombres. Todos estos casos tienen algo en común: violencia machista. Un grave problema social y de salud pública con nefastas consecuencias para nuestra sociedad. Como es lógico, las víctimas directas (mujeres en este caso) son siempre las primeras en tomar conciencia del problema. Muy pocas veces los hombres nos paramos a reflexionar sobre la responsabilidad principal que tenemos en este asunto. Los asesinatos son sólo un ápice del problema, aunque también lo más grave. Son múltiples las formas que adopta la violencia machista contra las mujeres: golpes, gritos, burlas, menosprecios, agresiones sexuales y, en general, abusos de poder para obligarlas a hacer algo en virtud de una supuesta superioridad de los hombres. Cientos de estudios realizados hasta hoy demuestran que la violencia hacia las mujeres no es natural ni instintiva, sino que se aprende, aunque numerosos mitos y creencias muy extendidas predican lo contrario. Los hombres tenemos capacidad de relacionarnos de manera respetuosa, igualitaria y no violenta con las mujeres, así como para resolver nuestros conflictos a través del diálogo y la negociación. Si cada hombre se preguntara seriamente cuántas veces ha puesto en riesgo su propia vida sólo para dejar constancia de que era "un hombre de verdad", a muy pocos les alcanzaría la memoria para recordar tantas y tamañas estupideces. Sin embargo, más allá de las convenciones sociales no existe nada que avale esos comportamientos como masculinos, ni los contrarios como femeninos. Nada de eso está en nuestra naturaleza, como tampoco el dominio o la violencia sobre las mujeres. Por el contrario, nadie negará que una vida sin violencia es más saludable y placentera, de modo que es posible escapar al modelo masculino dominante. Cada cual ha de pensar si lo desea y quiere emplearse en ello. Pero la responsabilidad no sólo es de los individuos. La sociedad tiene también su parte y es la más importante. Para evitar que los modelos que originan la violencia se sigan reproduciendo, es preciso que las formas tradicionales del "ser hombre" sean cuestionadas en lugar de reforzadas en los diversos ámbitos de socialización: familia, centros de enseñanza, medios de comunicación, etc. El trabajo a nivel personal puede comenzar por asumir dos compromisos básicos: Renunciar a toda forma de dominio y violencia sobre las mujeres, además de romper el silencio y la complicidad frente a los hombres que actúan de ese modo. La tarea no es fácil, pues requiere desprenderse de algunas ideas muy arraigadas en nuestra mente sobre lo que es un hombre, lo que es una mujer y cómo nos relacionamos. En sociedades patriarcales como la nuestra, la identidad masculina se vincula con la fuerza y la agresividad, además de la supremacía sobre las mujeres, con tendencia a utilizar la violencia para demostrarlo. Este comportamiento, además de no natural, es estúpido porque a nadie beneficia, incluidos los agresores. Por el contrario, infinidad de hombres de toda índole viven y mueren atrapados por la falsa necesidad de demostrar permanentemente que lo son. Pero no sería bueno caer en la desesperación, porque existen salidas positivas a esta situación. Desde el momento en que un hombre rechace la posibilidad de utilizar la violencia contra su pareja y sea capaz de respetar sus derechos como persona, ese hombre habrá ganado en libertad y toda la sociedad en justicia. La sociedad entera y los hombres en particular tenemos un reto si creemos de verdad que esos valores son importantes. Cada pequeño paso será una victoria. Y si todos colaboramos, será más fácil. El próximo domingo 21 de octubre a las 12 h. toda la sociedad, y en especial los hombres, tenemos en León y otras ciudades de España una oportunidad para romper juntos el silencio contra la violencia machista. EL PASADO 5 de octubre falleció Paquina (Francisca Nieto) a los 93 años tras una larga vida llena de sobresaltos. Cuando me enteré me quedé muy triste, aunque ya sabia que en las últimas semanas su salud se iba deteriorando tras una infortunada caída de la que no se recupero. Me acordé de llamar a Santiago Macias, autor de un relato sobre Paquina en su libro «el monte o la muerte» dedicado al guerrillero Manuel Girón. A ella le dedica un capitulo sobre la vida de Paquina en Ponferrada tras el comienzo de la Guerra Civil en 1936 en un relato desgarrador y emotivo. Santiago Macías estaba en Leproso haciendo su meritorio trabajo, arañando el monte para tratar de sacar los restos de un fusilado y así devolverle la dignidad al asesinado y a su familia. Me confirmó que ya sabía lo de Paquina y que ya había pasado por el tanatorio. La vida de Paquina no fue nada fácil, ella nació en Ponferrada en 1913, se casó con el líder sindical Vicente Campillo Ovalle en 1935, fue madre en 1936 y ese mismo año la meten en la cárcel por primera vez, luego enviudó en 1937. Durante 10 años permaneció encarcelada con entradas y salidas continuas. En 1948 obtuvo la libertad y se exilió a Argentina con su único hijo, Alberto del Progreso, que falleció en Argentina en 1982 con 46 años. Hace una docena de años volvió a Madrid y después a Ponferrada. Estos fueron los hitos que marcaron su vida y en la siguiente frase recogida en el aludido libro de S. Macias define su forma de afrontarla, junto a una profunda religiosidad: «Dicen que hay que olvidar el pasado, pero yo digo que quien olvida el pasado no es digno del presente, porque no le sirve. Sabiendo lo que ocurrió en el pasado, tenemos una lección para el presente, sobre todo para que no haya tanta avaricia, tanto crimen, tanta riqueza y tanta pobreza». Esta mujer vivió y murió como Socialista de convicción, nunca renunció a los principios y los valores que tradicionalmente han formado parte de los Partidos Políticos de izquierda. Formaba parte de ese ejército de personas anónimas, nunca reconocidas y casi olvidadas por la historia que han mantenido a lo largo de los años del franquismo aquél espíritu de lucha por la libertad, la democracia y la clase trabajadora. Su aspecto era el de una mujer coqueta, impecablemente vestida como para ir de fiesta y, perfectamente peinada su melena plateada. Se notaba que conservaba el glamour de cuando fue elegida «Miss Ponferrada» en 1933, incluso hasta cuando caminaba. Las personas que tuvimos la oportunidad y suerte de conocerla nunca nos olvidaremos, porque conociendo el gran drama que le tocó vivir su rostro era dulce y feliz, amable y cariñoso, humilde y generoso. Aunque ella no le conocía personalmente, hablaba con familiaridad de «Zapatero», orgullosa de que fuera Presidente del Gobierno un socialista con tan buena planta. Zapatero le dedicó una foto oficial que ella besaba con la misma devoción que a una estampa de la Virgen de La Encina y para colmo a los dos les tenía puesta una vela permanentemente en su habitación, en la Residencia de Anciano s de Ponferrada. Paquina veía todos los días «el parte» y llevaba una temporada preocupada por los exabruptos de Rajoy y compañía; ella nos decía que tenía miedo, que esto le recordaba los prolegómenos de la guerra civil. No tuve la oportunidad de hablar con Paquina los últimos días desde que la estrategia del PP se ha convertido en lanzas contra la Monarquía, la oportunista apropiación de la bandera de España o el rechazo a la Ley de Memoria Histórica, pero estoy seguro que sufriría. Las últimas semanas que vivió me he acordado de ella, pero aun me acuerdo más desde que falleció por lo inquieta que estaría viendo cómo está el panorama político español, pero seguro de que también estaría orgullosa de que por fin se apruebe por una gran mayoría la Ley de la Memoria Histórica que tan bien definió la Vicepresidenta Mª Teresa Fernández de la Vega en el Debate del Proyecto de Ley en el Pleno del Congreso el 14 de diciembre de 2006. «Esta Ley supone reparar públicamente el honor y la dignidad de los e spañoles y españolas que, durante largos años, han sufrido, además de la injusticia, la privación de ver cómo no se recuperaba ni su memoria, ni el recuerdo de sus allegados».

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