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FEDERICO ABASCAL
León

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LA REAPARICIÓN asesina de ETA caracterizó ayer en gran medida la conmemoración -que no celebración, como habitualmente se dice- del trigésimo primer aniversario del referéndum constitucional. Aún dura en la clase política, como reflejo del ánimo que impera en la sociedad española en general, el luto que en el ánimo de la ciudadanía española han producido los dos últimos asesinatos etarras, por lo que la más alta autoridad de las Cortes, Manuel Marín, decidió que en la ceremonia del Congreso de los Diputados no se sirviera el cóctel tradicional. Fue, pues, una conmemoración más austera que otros años, pero con la banda terrorista o, más bien, con la lucha antiterrorista rasgando la unidad democrática. Es lamentable que sobre la anhelada derrota o disolución de unos asesinos hayan surgido dos esquemas morales enfrentados. ETA ocupa estos días amplios espacios en los medios informativos, es uno de los engarces de las relaciones francoespañolas, aviva el olfato policial en las gendarmerías francesas y ayer fue gran tema de diálogo y de declaraciones en el Congreso de los Diputados, donde el organigrama institucional del Estado. Manuel Marín, el presidente de la cámara, pronunció un breve discurso en el que pidió que no vuelva a repetirse «una legislatura tan dura y ruda como esta». Porque hay que trabajar en política de otra forma y con otras maneras, insistió el propio Marín, quien dio la fórmula para lograrlo: «Empezar por dejarnos de acumular reproches». José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy también concentraron el momento de manifestarse ante la prensa, y si el presidente realizó una exhibición de buenas intenciones, el líder de la oposición defendió su papel de esperanza blanca, apuntó unas líneas de su programa electoral, esbozó un mitin -«la primera obligación de un gobernante es tomar decisiones sensatas», no generar divisiones y «no poner todo patas arriba». Luego dijo que con él los españoles podrían estar tranquilos porque él nunca iba a negociar con ETA. Más apegado a la mustia solemnidad del día se mostró Rodríguez Zapatero, haciendo llamamientos a la unidad democrática frente al terrorismo, aunque reconociera de paso y desde el realismo, que el esfuerzo «nos llevará su tiempo porque las distancias han sido fuertes». Nada indica que en esta precampaña electoral que se acelera vaya a prescindirse del antiterrorismo en la caza del voto, por lo que si el lenguaje de ZP sobre cumplimiento total de penas para los asesinos etarras viene ser el mismo que el del PP, a los dirigentes populares les queda el recurso, y ya lo emplean, de negar credibilidad al lenguaje del presidente. De algunas tempestades sembradas han surgido los vientecillos neocarcas que llevan cierto olor a estercolero por la pestilencia del vocabulario que transportan. Los vientos que ayer, agitados por ciento y pico de individuos ante el Congreso, se dedicaron a insultar a los parlamentarios, excepto a los del PP, que consideraban suyos. Malo es que los partidos movilicen hooligans callejeros como cajas de resonancia.

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