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ANTONIO NÚÑEZ
León

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NADA DE SEXISTAS o violentos. Barbie, Rambo y Terminator han acabado en el Inserso y lo que se lleva este año es un videojuego de la guerra incivil española en el que los chavalines pueden elegir quién gana, pierde y acumula más puntos por matar milicianos en las cunetas o curas, monjas y militares en Paracuellos del Jarama. Se anuncia en todos los periódicos y emisoras. Es la moda retro. Algún pispo de la parroquia va a forrarse estas navidades con el dichoso videojuego, que amenaza, y nunca mejor dicho, con pasar injustamente desapercibido. Uno, que ya es abuelo y tuvo un abuelo muerto de parte de Franco, recuerda que de pequeño tenía rigurosamente prohibidas por la abuela Catalina las intantiles pistolas de mixtos el día de Reyes, ni siquiera para disparar inocentemente a los indios apaches de plástico de Fort Apache. Me pongo ahora en el lugar de ella y en el de los indios y estoy perfectamente de acuerdo, como no podía ser menos en las tribus y familias de bien. Desconozco quién habrá sido el majadero inventor del macabro videojuego. Pero por las pintas debe de tratarse del clásico cabrón que en las cosas de la vida y de la muerte siempre juega a dos bandos. Y que rebota muy fino, como en el billar a tres bandas o más, para una carambola que le va a reportar a toro pasado muchos millones. Caducadas las escopetas de mixtos y como las nuevas tecnologías son imparables la única forma que se le ocurre a uno de pararle los pies al cabrón que inventó el videojuego -y que perdonen los chivos de Vegacervera- sería animarlo a que lo exportara a Alemania e Israel, por lo de la solución final en la cámara de gas, o a Rusia, donde los comunistas las pasan ahora putas con el ex camarada Putin. A China puede que sí, si es todo a cien. Los juguetes son una golosina, pero el marketing no se improvisa. La patente del videojuego en cuestión o, por lo menos la lumbrera que alumbró el negocio, es para muchos una incógnita, aunque esté a nombre de un anónimo Legend Estudios. Ni «x» ni «y». Para mí que es «zp».

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