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BERNARDINO C. GONZÁLEZ-HALLER
León

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YA NOS hemos enterado: el exceso de emisiones de CO2 y de otros gases, perjudican el biorritmo de la vida de las personas y de las plantas. Las especies se extinguen, las personas enfermamos por respirar aire envenenado y estamos condenados, porque las propuestas de corrección se posponen, a no poder respirar oxígeno, que es lo que purifica nuestra sangre y nos permite vivir sanos. El informe «Nuestro Futuro Común» sobre las consecuencias de la contaminación que han emitido los expertos vinculados a la ONU, nos dicen que no podemos esperar más, por eso, porque no solo se produce el calentamiento del planeta, es que cada día, mueren muchas personas por causas de la contaminación. Pero los que contaminan, aunque saben que producen pobreza, sufrimiento humano, y derroche de recurso naturales, nos les importa. El Delegado de Estados Unidos en la Cumbre de Bali dijo sin inmutarse: «La propuesta europea para reducir emisiones es imposible de cumplir». La máxima de este capitalismo tan irracional: es producir mucho y consumir mucho. Los países gobernantes, por ambición, producen ceguera en la gente, compiten entre sí, a ver quien produce más y consume más. Esta lógica es un disparate. La mayoría de los objetos que hay en el mercado, sobran, empezando por el exceso de coches, que no sólo contaminan el aire que respiramos, no nos dejan andar por los espacios urbanos, y nos matamos, como idiotas, con ellos. Pocos dudan ya de que las emisiones de miles de toneladas ponen en peligro de vida del planeta tierra. Aunque Rajoy, el día que vino Al Gore a Sevilla, nos dijo, supongo que para identificarse con los Neocons y la política de Bush, que no creía en eso. Pero como no era experto, le preguntaría a su primo, que, según él, si sabe de eso. Este Gobierno, promete -si le votamos- plantar un árbol por cada ciudadano, o sea, más de 45 millones de árboles; y prevé gastar 90 millones de euros ¿Quién los va a plantar y cuánto va a ganar? En la provincia de León hay mucha gente que ha plantado muchos árboles y está contribuyendo a crear, como dice el Gobierno, « una barrera verde» para frenar el cambio climático. Vendría bien, invito a que lo hagan, que los alcaldes de los municipios que tienen una masa significativa de árboles, tanto en fincas privadas como en el monte de todos, que aprovechen las políticas sobre medio ambiente, para obtener los beneficios, y así mejorar las condiciones de vida de esos pueblos, de los que se nos ha obligado a emigrar por falta de sensibilidad política. Los alcaldes y los diputados, si es que hacen algo más que defender su puesto y decir amén, deben demostrar que hay que pasar de la miseria rural a la equiparación de lo que se gasta por habitante en las ciudades.

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