CANTO RODADO
Iconografía electoral
FINALIZADO el carnaval, colgadas las máscaras y calladas las murgas, nos saludan desde las vallas publicitarias las caretas de la temporada electoral. Rajoy nos mira fijamente desde el cielo azul del PP -no cuajó el naranja- con intención de que asimilemos rápida y fácilmente sus claras ideas. Nos dice lo mal que va la economía, a pesar de lo bien que le va a Botín o quizás por ello, y nos recuerda que meterá en cintura al último inmigrante que llegue a España. Suena a castigo bíblico. Rajoy, desde esta posición cuasi divina, puede pasar sin conflicto alguno de cuestionar el cambio climático a proponer plantar 500 millones de árboles en cuatro años para frenar el efecto invernadero o de recurrir ante el Tribunal Constitucional la Ley de Igualdad a apropiarse de medidas de discriminación positiva para las mujeres asalariadas como baza electoral. Y su candidato por León, Juan Morano, permitirse el lujo de dar plantón a la casa de León en Madrid en un acto de desprecio hacia el corazón leonés de la Villa y Corte. Al otro lado de la carretera, Zapatero es presentado en varias vallas de precampaña como un candidato terrenal, el hombre que reflexiona en un despacho o un salón con la biblioteca al fondo, el hombre que practica ejercicio y el que parece ofrecer un discurso. De la chistosa y provocadora Z, la síntesis de ZP tras cuatro años de gobierno, el PSOE ha pasado a enumerar su ristra de Motivos para creer. Zapatero mira desde su sonrisa y sonríe desde su mirada; en otra valla, reconoce, con los ojos fijos en el horizonte del otro lado de la valla, que no está todo hecho, y en una tercera alza las manos y aprieta los puños con los pulgares hacia arriba celebrando los logros. Una campaña en positivo, dice el manual de campaña. Una campaña a la que le falta, entre tanto dinamismo, un poco de concreción y de iniciativa propia. El sprint final se presenta, pues, como un duelo entre el cielo y la tierra porque la Iglesia, tanto o más que los publicistas, ha marcado la iconografía del 9-M. Pero, ¿a quién bendecirán las urnas?