AQUÍ Y AHORA
¿ZP? ¿Rajoy?
LA CABALGADA hacia las elecciones tiene hoy su primer hito verdaderamente importante: el primer debate televisivo preelectoral entre el presidente del Gobierno y el aspirante a lo mismo que se produce en quince años. Si usted vivió apasionadamente la controversia acerca de si ganó Solbes o si Solbes fue vencido por Pizarro en el primer encontronazo ante las cámaras, el jueves pasado, ya puede imaginar la que nos espera. Si lo vivió sumido en el hartazgo, átese los machos, porque la polémica va a ir por barrios. ¿Ganará Zapatero? ¿Rajoy? Ya sabe usted que, en estas cuestiones, todos ganan y nunca pierde nadie, a menos que la cosa sea muy estrepitosa; ninguno de los contendientes suele dejar KO al otro, así que los del PP dirán, con total unanimidad, que el debate lo habrá ganado Mariano Rajoy, y en el campo socialista se impondrá la férrea disciplina y no escuchará a un solo representante del PSOE que opine que ZP estuvo peor que el presidente del PP. Así es la vida. Me dicen que ambos llevan cuidadosamente estudiada la lección -también Solbes y Pizarro la llevaban y en La Moncloa aseguran que Zapatero tiene algún conejo en la chistera para mostrarlo en cuanto su oponente trate de sorprenderlo en determinadas cuestiones, por ejemplo en lo referente a la negociación con ETA. En la sede de Génova, a su vez, he escuchado que Rajoy tiene munición suficiente para abrumar al presidente. Yo pienso que Zapatero tiene bastante más que perder que Rajoy, porque siempre quien está en el poder ha de defenderse en más frentes. Pero, para que este axioma se haga realidad, Rajoy, como ya ha aprendido, a su costa, Manuel Pizarro, no podrá ir armado solamente de muletillas como «España va mal», «el país se rompe» o «la economía se va al garete». El aspirante a La Moncloa tendrá que presentar ofertas creíbles, más allá de la subasta del «todo a cien» en la que se han embarcado los dos principales partidos; tendrá que convencer de que su proyecto es mejor, más articulado, más cuidadosamente pensado, que el del presidente actual. Y que cree en la profundización de la democracia. Ha llegado, como dijo Manuel Marín en su discurso de (casi) despedida, la hora de volar alto.