EN POCAS PALABRAS CALLE ANCHA
Rouco Descansa, Mariano
YA SE sabe que los criterios místicos que guían a la jerarquía católica son bien distintos de los terrenales que utilizamos quienes apenas tenemos el pobre recurso de la razón, pero es inevitable que el regreso de Rouco a la presidencia de la Conferencia Episcopal tenga una lectura política inquietante. Blázquez, el presidente saliente, era un conservador pacífico, contemporizador, partidario de la no beligerancia con el poder político y convencido de que es posible una relación cordial, cortés y cooperativa entre el Estado laico y una confesión religiosa. En definitiva, era el hombre adecuado para mantener un ten con ten si no cordial sí apacible y constructivo con un PSOE que, según todas las encuestas ganará las elecciones del domingo. Pues no: la CEE ha preferido recuperar a Rouco, quien ha pilotado la oposición ideológica al socialismo y la tesis de que las leyes humanas son ilegítimas si no se acomodan al dogma trascendente. La confrontación está servida. DOS CUESTIONES más, al margen de la revelada por Gabriel Elorriaga -sembrar el desánimo para reducir la participación- ponen en evidencia los graves errores de estrategia del PP al plantear el debate Zapatero-Rajoy. Además de Zapatero, según la mayoría de las encuestas, la gran triunfadora del debate fue Televisión Española. Vetada por el PP, aunque luego la solución de la Academia de la Televisión fuese un éxito -especialmente celebrado en este periódico, del que Manuel Campo Vidal es columnista-, La 1 tuvo siete millones de telespectadores frente a la suma de otros seis de todas las demás en el primer debate y siete de doce en el segundo, lo que demuestra que es la preferida de los españoles del PP y los demás. Y lo será seguramente por su pluralidad y, desde luego, por su profesionalidad. La segunda es que Rajoy basó su estrategia de acoso y derribo del presidente en acusarlo una y otra vez, y hasta tres seguidas, de mentiroso. Fracasó en el fondo y en las formas. Y cayó en su propia trampa al no ser capaz de hacer una condena explícita, siquiera implícita, de la guerra de Irak. Descansa, Mariano, descansa ya.