Diario de León
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JOSÉ CAVERO
León

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DICE José Blanco que del Gobierno no sabe nada de nada. Ni él ni probablemente nadie. Sólo Zapatero puede tener «ideas generales», posiblemente a la espera de comprobar si valdrá la pena incorporar a alguna figura de los nacionalismos catalán y vasco, Durán e Imaz, por ejemplo, en el caso de que las consultas de Blanco con CiU y PNV avanzaran rápida y felizmente. Y luego, deberá dar satisfacción a los socialistas catalanes, a los vascos, a los andaluces, como vencedores claros del 9-M. Posiblemente, con alguna reforma de la estructura de su gabinete. Se habla de una cartera ministerial de Asuntos Sociales, a la que sería ascendida la ministra Chacón, clara apuesta de Zapatero y triunfadora también en las elecciones catalanas. Luego, la vacante que deja Alonso en Defensa, de la que se cree saber que podría ser otra mujer. Y cuentan que Moratinos seguirá en su puesto, y posiblemente también Bermejo. No así Magdalena Alvarez... Pero, de momento, las atenciones y descripción de la figura en alza se detiene en José Antonio Alonso, amigo del presidente y personaje de la máxima altura y máxima confianza del líder. A quien espera, junto con José Bl anco, un trabajo complejo y siempre delicadísimo de prestar atención a las distintas oposiciones, particularmente el PP: los inciertos pacto de Gobierno, la defensa frente a una oposición que se supone dura en el terreno económico... Coinciden los analistas y cronistas parlamentaros en señalar y describir a Alonso como la representación política del sosiego y del sentido común, y por ello, representación de lo que se pretende que sea esta legislatura: un tiempo de pactos y de colaboración, muy distinta a los cuatro años anteriores, cuando ya desde el arranque se empezó con la crispación originada por dos hechos: el PP acusaba al Gobierno de llegar al poder «a causa del atentado del 11-M», y el PP se resistía a aceptar como buena la tesis de que los autores del atentado eran islamistas radicales, y no etarras, contrariamente a lo que anunciaron Acebes y Zaplana en el comienzo de lo que se denominó «conspiranoia». Desde entonces, y más aún cuando se conoció la existencia de contactos con la banda ETA, el PP ejerció una oposición severísima. Se supone que eliminadas esas circunstancias, esta legislatura resultará más tranquila y constructiva. De hecho, Rajoy no descarta la posibilidad de que su partido se abstenga en la investidura. Y de modo parecido se cree que actuarán los restantes grupos parlamentarios, CiU, PNV y los distintos Mixtos que pudieran nacer del conglomerado resultante de las elecciones.

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