Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

Creado:

Actualizado:

COMO DE LA biografía de San Glorio no tengo ni la más remota idea y en Internet no viene, le pregunté ayer al párroco, el cual, tras repasar el santoral me dijo mirando al cielo: «Aquí no pone nada, pero, según tu periódico debe andar por donde Cristo dio las tres voces, sobre poco más o menos». Una sonada sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León acaba de vetar la estación de esquí de San Glorio, tierra de nadie entre León, Palencia y Santander con una reducida población de osos y bípedos de boina, ambas especies en peligro de extinción hasta tal punto que ya ni para allí el autobús de Martiniano, ahora llamado Alsa. Los paisanos de aquellos andurriales, en los que a poco que metas la pata te despeñas como un rebequín, nada de un esguince de tobillo como en Pucella, confiaban seguramente en repoblar valles y montañas con la única especie rentable en los tiempos que corren: el homo patiniensis , de patinar, un híbrido urbanita que se caracteriza por tener pies planos de madera de hasta dos metros, por otro nombre esquíes (no confundir con las madreñas), usar gorro de lana de El Corte Inglés en vez de boina capada, drogodependencia de la visa oro y gafas reiban , que cuando bajan del monte para comer le dejan el blanco de los ojos como a un oso panda. Tiempos modernos, en fin, que nunca hubiera sospechado Darwin en la evolución de las especies, al que sólo le fallaron las tortugas. Dicen que la justicia es lenta cual tortuga, además de cegata, con huelga o no, así que los magistrados han decidido adelantarse y sentenciar la estación de San Glorio. Contaba ya con una inversión de la tira de millones de euros, todos privados, de los que ya no se sabe si serán incubados, aunque lo más seguro es que fueran huevos fértiles, visto que tampoco se sabe de ningún empresario que no afeite uno en el aire. En la sentencia se dice que con el cambio climático San Glorio no es viable porque en el 2018 no nevará por debajo de dos mil metros. Ha dicho el yeti en el Tibet que no tiene calor. Y el Dalai Lama al revés, por la llama olímpica.

Cargando contenidos...