EN POCAS PALABRAS EL MIRADOR LETRA PEQUEÑA
Los retos del nuevo Gobierno A fecha de hoy... manda Solbes Minorías
ENTRE LOS RETOS que deberá afrontar el nuevo gobierno el primero será ralentización económica; la presidencia de la UE en 2010 y la normalización de las relaciones con los Estados Unidos; renovación de los órganos constitucionales y modernización de la Justicia; en Defensa, la nueva ministra se encontrará, entre otros asuntos, con una ley de derechos y deberes de los militares, los tradicionales relevos en la cúpula militar al cambiar la legislatura y la gestión de las misiones en Afganistán, Líbano y los Balcanes; en Trabajo habrá que gestionar el previsible incremento del paro que se producirá en el futuro inmediato; el ministro de Sanidad y Consumo tendrá que lidiar con la escasez de médicos; Igualdad afrontará la tarea de aplicar y desarrollar la ley de Igualdad y la de la Violencia de Género, dos de las máximas prioridades en la anterior y en la presente legislatura; es la primera vez que se crea en España un ministerio de esta naturaleza... Y SEGUIRÁ MANDANDO Pedro Solbes en la economía española hasta que se hayan solucionado los efectos negativos de la desaceleración económica. Pero esa extraña, reiterada y ¿absurda? sugerencia de que esta legislatura se va a dividir en dos etapas, la primera para gestionar los problemas económicos y la segunda para las florituras políticas de Zapatero, indicaría que Solbes habría garantizado su permanencia en la vicepresidencia segunda hasta que la crisis, una vez superada, abriese nuevamente una fase de crecimiento. La salida de la crisis coincidiría con la salida de Solbes del Gobierno y, lógicamente, con la ascensión de Miguel Sebastián al timón económico. El nombramiento de Sebastián, por quien Zapatero siente afecto y , sobre todo, confianza en la lucidez de sus exposiciones, como ministro de Industria y Energía -Energía, donde en la pasada legislatura se produjeron los primeros chispazos entre Solbes y el consejero económico de La Moncloa- tiende obviamente a preparar con tiempo y calma el relevo en la vicepresidencia económica. Pedro Solbes se ha encargado personalmente desde Washington, donde asistía a la reunión del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, de reafirmar su autoridad sobre el ministerio del que Sebastián se hizo ayer cargo, y hasta habría sentido como un cierto desahogo de que sea otra persona la encargada de ocuparse de los asuntos energéticos, suficientemente complejos y últimamente enrarecidos. Pero además de los problemas creados por las fuentes energéticas, del crudo es pecialmente, y del gas en menor medida, al ministerio de Sebastián lo corresponde los enrevesados de las opas, de las que nuestro sector eléctrico no se ve libre, incluso después del final ligeramente troceado de Endesa. Y ahí no manda tanto Pedro Solbes como La Moncloa, y así se ha visto en los avatares por lo que discurrieron las opas sobre Endesa, en torno a la cual también se dividieron las fuerzas políticas, el Partido Popular contra el sueño de la lechera de la catalana Gas Natural, que pretendía zamparse a Endesa, y Zapatero, contrariando a los populares y alentando maniobras más de su gusto. Zapatero parece sentirse a gusto en este inicio de legislatura con un Gobierno cuyos cambios, sobre todo el una señora embarazada en el ministerio de Defensa y pasando revista a la tropa, refleja el salto increíble dado por España en treinta y tres años, desde la mojigatería del formalismo franquista a esa política de igualdad que nos va a igualar a todos, y a ver quien nos diferencia. LA OPCIÓN claramente bipartidista que han tomado en esta ocasión los electores españoles tiene visos cíclicos en el caso de los nacionalismos: cuanto más inflexible y rígido es el gobierno central, más oportunidades tiene el victimismo periférico para hacer presa en los sentimientos colectivos identitarios. Y viceversa, como actualmente. En cambio, la crisis de Izquierda Unida responde a un presagio antiguo y, en cierta manera, es una especie de muerte anunciada. En otro tiempo la distinción tormentosa entre socialdemócratas y comunistas pudo tener sentido. Pero el realismo de las últimas décadas ha terminado imponiéndose, y, a pesar del camuflaje de algunos partidos comunistas como el español, la verdad ya no puede disimularse. La izquierda neocomunista ha desaparecido en Francia, en Italia y ahora en España. Descanse en paz y para siempre. Ello es a todas luces una buena noticia para el PSOE. Principalmente porque si el hemisferio izquierdo no se hubiera dividido e Izquierda Unida no hubiese obtenido sus 960.000 cuasi inútiles votos, el partido socialista hubiera obtenido mayoría absoluta.