EL CORRO
Alonso y Caldera, sinos diferentes
EL NUEVO esquema de poder diseñado por Zapatero ha dejado fuera del Gobierno a los dos ministros políticamente vinculados a Castilla y León, el leonés José Antonio Alonso y el salmantino Jesús Caldera. La dirección autonómica del PSOE ha tratado de quitar hierro al asunto, enfatizando que lo fundamental es que el presidente sigue siendo leonés de corazón y vallisoletano de nacimiento. Pues vale. Pero si Ángel Villalba se pasó los cuatro años anteriores presumiendo de esa notable cuota ministerial de Castilla y León, no es de recibo sostener ahora que su pérdida no tiene la menor importancia. De todas formas es necesario matizar, ya que nada tiene que ver el caso de Alonso con el de Caldera. El primero ha dejado de ser ministro, pero no por ello ha perdido ningún poder. Todo lo contrario: Sin ejercer el mando directo sobre un departamento concreto, Alonso tiene ahora gran capacidad de influencia sobre todos y cada uno de los ministerios. Con ello está todavía en mejor situación que antes para garantizar el cumplimiento de los distintos compromisos electorales contraídos como diputado que es por la provincia de León. Cualquier petición de Alonso difícilmente será desatendida por el ministro de turno, máxime cuando, si se trata de León, los deseos del portavoz socialista pueden equivaler a órdenes interpuestas del propio Zapatero. Desde ese punto de vista, no cabe excusa para incumplir las promesas pendientes. Completamente diferente es lo de Caldera, a quién el presidente del Gobierno ha agradecido los servicios prestados, enviándolo al limbo político hasta tanto en cuanto no se ponga en marcha esa nueva fundación anunciada. De forma que el ex ministro de Trabajo ha quedado fuera de la pomada política. Y pienso que la salida de Caldera no ha sido una buena noticia para Castilla y León. Tanto por sus competencias como por su staff, el anterior Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales ha mostrado una especial sensibilidad con esta comunidad autónoma. No es casualidad que ese departamento haya ubicado en ella tres centros de referencia nacional: el dedicado al alzheimer, en Salamanca; el de enfermedades raras, en Burgos: y el de atención a personas con grave discapacidad, en San Andrés del Rabanedo. Algo habrá tenido que ver con ello que el ministro fuera salmantino, que la Secretaria de Estado de Asuntos Sociales haya sido la leonesa Amparo Valcarce y que de la Seguridad Social se haya ocupado el burgalés Octavio Granado. ¿Alguien cree que esos centros estarían donde están si el ministro y los dos altos cargos citados hubieran tenido otra procedencia? Por encima del ámbito de su propia responsabilidad ministerial, Caldera se ha erigido además en estos años en decidido valedor e impulsor del denostado Plan Oeste, especialmente en lo que afecta a las provincias de Zamora y Salamanca. Cierto que las obras de la autovía de la Ruta de la Plata están aún lejos de concluir, pero más retrasadas irían en muchos de sus tramos si no fuera por la presión ejercida por el ex titular de Trabajo sobre la ministra de Fomento. Es de justicia reconocer que Caldera ha sido un ministro muy pegado a la realidad de Castilla y León.