Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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EL MAL es un vaho sobre nuestras nucas. Eta tenía llaves de los domicilios de varios políticos, socialistas y populares, entre ellas las del secretario de organización del PSE, Rodolfo Ares. Aunque la noticia no es reciente, se ha sabido ahora. Hoy la maldad aparecerá personalizada en los titulares de los periódicos europeos con el nombre de un ingeniero austriaco capaz de secuestrar y violar a su hija durante veinticuatro años. Lo monstruoso cuando sobrepasa ciertos límites ni siquiera es creíble como argumento de ficción, pues hasta el horror necesita una cierta lógica. No estamos preparados para aceptar que existan seres así. Respiraremos tranquilos cuando se nos diga que era un psicópata, que no era nuestro de los nuestros, que no era ser humano. Pero lo es. Y a mí, en la mente, se me unen las dos noticias, como dos formas de monstruosidad relacionadas. También son monstruos los terroristas que tenían esas llaves y quienes se las proporcionaron. También es inhumano someter a tortura diaria a unos políticos, a quienes nunca podremos agradecerles bastante su esfuerzo por mantener la democracia en el País Vasco. Se puede ser abyecto por acción, también por silencio cómplice. En efecto, no son noticias tan diferentes, aunque provengan de charcas lejanas entre sí. Las dos nos conducen por los lúgubres subterráneos de la crueldad incomprensible. Tal vez dichas llaves tenían como objeto el secuestro. ¿Qué nos queda ante el horror? Reafirmarnos en nuestra confianza en la dignidad del hombre, en la superioridad del bien. Dos noticias siniestras, dos historias para no dormir, obscenamente vulgares, pues raspas y sólo encuentras la nada oscura. Nos queda apretar los puños y decirle a los amenazados: estamos con vosotros. Contra los monstruos.

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