Publicado por
VICENTE PUEYO
León

Creado:

Actualizado:

TODOS tranquilos. Tomás Villanueva, consejero de Economía, recomienda mantener la calma y no caer en el alarmismo. Y la consejera de Agricultura, Silvia Clemente, ha sacado los prismáticos y asegura que va a estar muy vigilante para que se cumplan los acuerdos adoptados en su día para desarrollar el plan de reestructuración del sector remolachero. Todos tranquilos... menos los cultivadores que se han tomado unas tilas, con poca azúcar. Se suele decir que «poco dura la alegría en la casa del pobre» y eso les ha pasado a los remolacheros leoneses. Después de haber conseguido una cierta estabilidad en el sector, a costa de recortar drásticamente las superficies cultivables y de afeitar la rentabilidad de los productores, Ebro Puleva ha sacado sorpresivamente al escaparate su negocio azucarero. Y ha faltado tiempo para que los moscones europeos (la alemana Suezucker, la holandesa CSM, las británicas Tate y British Food...) empiecen a revolotear en torno al suculento pastel. Y ahí empiezan las perplejidades de los ciudadanos de a pie, piezas de un engranaje implacable donde las leyes las marca el capitalismo puro y duro. Sí ese mismo sistema que, edulcorado en las últimas décadas con los terrones del «estado del bienestar», defiende ardorosamente los esquemas del libre mercado pero no hace ascos, desde luego que no, ni a los subsidios y ayudas ni a la protección estatal. Tenía razón Silvia Clemente cuando recordaba con qué cartas jugamos y reconocía que la decisión de Ebro «forma parte de las decisiones que libremente puede tomar una empresa». Pero hablábamos de perplejidades. La compañía justifica su iniciativa en que «se ha asegurado la viabilidad y estabilidad del negocio azucarero para los próximos años». O sea, tenemos un negocio estupendo: vamos a venderlo. Estando lejos de los insondables secretos de la economía (como solía apuntar a veces el recordado Chencho en este mismo espacio) lo que dice el sentido común es que, en realidad, el azúcar debe ser para el grupo en cuestión cada vez menos rentable o, dicho de otro modo, ha pasado a un segundo término dentro de sus objetivos. Decididamente, la multinacional, parece que se quiere centrar en los lácteos, arroz (líder mundial), pasta (la de comer), -donde el rival a desbancar sería la italiana Barilla-, y en eso que se da en llamar mercado de marcas. Sin duda es muy libre en llevar a la práctica estas estrategias pero se echa de menos un énfasis parecido a la hora de tranquilizar al sector remolachero que lo que sí está viendo es a una empresa que se ha saneado a su costa y a costa de las ayudas públicas teledirigidas por las autoridades comunitarias que, a base de reestructuraciones, tantas veces han puesto patas arriba la economía de nuestros agricultores y ganaderos. La inquietud quizá no sea de hoy para mañana, pero sí para pasado mañana. Se atisba un sector en manos extranjeras y, como vaticinaban los sindicatos, una vez controladas producción y distribución, se abrirá el camino al azúcar barato procedente de otros países. De nuevo la ley implacable del mercado y de nuevo el papel mojado de los compromisos. Dice Villanueva que estemos tranquilos.

Cargando contenidos...