BURRO AMENAZADO
Ayudar al urogallo
EL UROGALLO cantábrico, subespecie famosa por su pequeña talla y adaptación a los bosques frondosos, se encuentra en situación crítica, con menos de cuatrocientas aves adultas dispersas en unos dos mil kilómetros cuadrados de la Montaña. Entre las claves de su declive se señala la creciente fragmentación del bosque, subdividido por pistas forestales que cruzan las laderas, y la posible afección del cambio climático, al tratarse de una especie evolucionada en las arboledas de la taiga, con inviernos muy fríos y nivosos. También se habla de la creciente presión de la plaga de ciervos que rapan las arandaneras, su ambiente de alimentación favorito, y del riesgo de los jabalíes capaces de depredar nidos y pollitos. En los Pirineos franceses la situación del gallo de bosque es bastante optimista y cuentan con un núcleo de unas veinte mil aves, repartidas entre hayedos, abetales y pinares. Por descontado que lo cuidan mucho más que en la Cordillera Cantábrica. Los responsables de ordenación del territorio cuentan con una cartografía fina en la que aparecen los puntos clave para el urogallo: las zonas de invernada, los cantaderos donde se exhiben los machos y hacen la rueda, y las áreas en las que las gallinas crían a las polladas. Todo proyecto de nueva pista, tendido, cabaña o zona de esquí debe esquivar estos parajes que abrigan a esta galliforme de montaña, de tarsos emplumados y dedos con raquetas córneas para caminar sobre la nieve. Además hay una silvicultura de conservación que suministra enclaves óptimos. Es el caso de parcelas de matorral donde se aclaran los rododendros para que haya buen recubrimiento de arándanos, enebro rastrero, biércol y manchas de pasto corto, localidades de muchos saltamontes, chinches y escarabajos, el alimento de los pollos en verano. En el hayedo, en escarpes rocosos de escaso suelo, se tumban algunas hayas para favorecer la aparición de frambuesas, saúcos, sorbales y hierba. Sin ayuda, el urogallo se desvanece.