CRÓNICAS BERCIANAS
Cada uno a su crisis
MIENTRAS llueven chuzos estanflacionarios de punta, a muchos de nuestros políticos más cercanos y también a los más lejanos parece importarles un bledo. Porque al fin y al cabo, las necesidades son muy distintas, pero no es lo mismo llegar a fin de mes con seis mil euros del ala que con los 760 que cobra una controladora de la ORA en Ponferrada. El alcalde de la ciudad, Carlos López Riesco, anda como una esferificación de Ferrán Adriá desde que este periódico publicase un barómetro en el que siete de cada diez administrados expresan devoción por su gestión. Para sus contrincantes, la consulta es como uno de esos estabilizantes o aditivos tóxicos que crucifica Santi Santamaría. Las encuestas, de hecho, tienen algo que ver con lo que ocurre en la guerra de los fogones, se vilipendian cuando favorecen el guisado adversario y se adoran cuando sazonan el propio. A Riesco, además, tras los varapalos judiciales recibidos en la vía administrativa como que le ha venido a ver Garzón con el archivo por parte de la Audiencia de la querella criminal suicida presentada durante las municipales por una oposición que anda desquiciada con el urbanismo y que no ofrece ni una sola alternativa para proseguir con el desarrollo de la ciudad o para atajar la que se viene encima. Ponferrada ha adquirido en los últimos mandatos un nivel de servicios tan notable que si Zapatero no arregla de una vez por todas la financiación municipal, algunos van a saber de verdad lo que es una ciudad sucia o con jardines cochambrosos. Porque el maná de los ingresos de la construcción y sectores aledaños en las arcas de la plaza del Ayuntamiento está a puntito de interrumpirse. Este sí que es un problema para el que no he escuchado soluciones, salvo que alguien tenga en mente acribillarnos aún más a impuestos para rematar la subida del euribor y la escalada de la inflacción. Sería mucho pedir, claro. Porque a los populares de aquí lo que realmente les preocupa es que el ala dura no destrone a Rajoy en el Congreso y comprobar luego si al decrépito líder del PP se le enciende la bombilla y decide dejar paso a un cabeza de cartel mucho más solvente de cara a los próximas generales. Y a los socialistas ponferradinos, de otro lado, les ocupa mucho más ver cómo mantenerse a toda costa en el manubrio orgánico y que los 400 de los 500 militantes de la agrupación que no acuden a las asambleas sigan dormitando y regurgitando en las barras de los bares su malestar por las sucesivas derrotas en los comicios locales desde la jubilación del insigne López Gavela. Si la Federal no interviene de una vez por todas y no disuelve la agrupación para empezar de cero, a Riesco -que no demandará a la oposición por falsa denuncia porque no habrá ni un juez que trague- le sobrarán tantos puntos en las encuestas como los que le faltan a Rajoy. Será tal vez el último trabajito del flamante presidente de Paradores, el también berciano Miguel Martínez, a la cabeza de las valoraciones del barómetro, antes de ponerse manos a la obra con la recuperación acaso del parador de Riaño y quién sabe si con la construcción de otro en su Toreno natal. Cada uno a lo suyo.