EN POCAS PALABRAS LETRA PEQUEÑA
Aparcar una insidia Sigue la guerra
LA INDIGNIDAD es flagrante. La ley vasca para víctimas de actuaciones policiales, que pretendía ser vergonzantemente simétrica de la ley de Víctimas del Terrorismo, queda de momento en el alero, aunque Eusko Alkartasuna y Aralar han apoyado el informe del director de Derechos Humanos que recomienda elaborarla tras constatar que 109 personas han muerto desde 1968 por actuaciones de las fuerzas de seguridad del Estado. Tanto el PSE como el PP se opusieron frontalmente y calificaron el informe de «repugnante» y «sin rigor». El socialista Ares acusó al gobierno vasco de «humillar» a las víctimas y a «cientos» de policías. Ante el escándalo que hubiera supuesto que la Cámara vasca estableciese un parangón entre víctimas y victimarios, entre asesinos y servidores del Estado, el PNV acabó también considerando que necesitaba «más tiempo» y el turbio asunto ha quedado aparcado. Todo, en fin, muy penoso. LA PRESIDENTA de la Comunidad de Madrid ha destituido fulminantemente, bajo el ropaje de una remodelación gubernamental, a sus dos consejeros que han pasado a formar de la Ejecutiva del PP, designados por Rajoy. Dígase lo que se diga y vístase como se quiera, estos ceses reactivos significan que Aguirre quiere mantener la confrontación con su jefe de filas, tras la postergación que ha sufrido en el XVI Congreso, de que ha salido encumbrado su enemigo Gallardón. La traumática decisión resulta difícilmente inteligible tras la renuncia de Aguirre a presentar su candidatura alternativa al liderazgo del PP, opción que tuvo bien a mano y que desechó. Y es que es plenamente legítimo encauzar hasta el límite las propias aspiraciones, utilizando para ello los cauces democráticos habilitados, pero ya no lo es tanto renunciar a recorrerlos y dar después una batalla solapada y destructiva contra quien se ha aupado sin oposición. El PP hace bien buscando los caminos que puedan llevarlo al poder. Pero esos caminos no pasan, con seguridad, por la constante rivalidad interna ni por las ambiciones exorbitantes insatisfechas y rencorosas.