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JOSÉ CAVERO
León

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HA SEÑALADO un diario desde su primera página y con gran relieve que «la inflación pincha la euforia roja». Roja o de color mostaza. Lo cierto es que, efectivamente, los datos económicos vienen a paliar o disminuir cualquier optimismo deportivo. Solamente este viernes dejaba tras de sí un rosario de pésimos datos económicos: primero, el dato de la inflación: cuatro décimas más, sitúan el Índice de Precios al Consumo en el 5,1%, muy por encima de cualquier previsión. Segundo el precio de los carburantes, una vez que el barril del petróleo remontaba los 142 dólares. No hay duda ninguna a estas alturas de que la inflación es una derivada del precio del petróleo. Por si faltaba algo, la crisis del sector inmobiliario arroja algo más de leña a este fuego insoportable, que con toda certeza está conduciendo a la economía española a situaciones pocas veces vistas con anterioridad: Se estima que debemos estar en un crecimiento del PIB -Producto Interior Bruto- muy próximo al cero, no se sabe si por debajo o por encima, después de las tres décimas del trimestre anterior. Estamos, asimismo, a pocos días de distancia de que el presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, no tenga más remedio que tratar de remediar la escalada de los precios con una elevación del precio del dinero. Los tipos de interés ascenderán al 4,24%, con casi certeza. Y alentarán una nueva escalada del euríbor, y lo que es lo mismo, una nueva elevación del coste de las hipotecas. A esto se añade la retracción en la venta de automóviles, del consumo en general, probablemente también de las vacaciones de muchos ciudadanos, que se ven en situación de apuro financiero como para permitirse «esos lujos». Más ahorro, menores gastos públicos en cada uno de los entes del Estado -Gobierno central, comunidades autónomas, ayuntamientos, Casa Real, Defensor del Pueblo, Tribunal de Cuentas, etcétera- y privados, congelación salarial a funcionarios y posiblemente reducción de los aumentos salariales en las empresas privadas, más energías renovables y cada vez menos subvencionadas, acaso volver a la energía nuclear, con carácter excepcional... Tal vez menos impuestos a las empresas para que puedan salir adelante con más facilidad, aunque con mayores controles de sus beneficios... Algo será preciso hacer, y además hacerlo con la mayor urgencia posible.

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