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JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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TARDE, MAL Y ARRASTRAS, Alicia ha reconocido, con eufemismos que enmascaran la realidad, que ya no estamos en el País de las Maravillas. Esta semana el presidente se ha atrevido a reconocer lo que todos sabemos desde hace tiempo: que España vive una crisis económica de extensión y profundidad impredecibles. Los engaños electorales del PSOE para hacernos creer que vivíamos en el mejor de los mundos, y sobre todo los autoengaños de los electores, desmemoriados por una chusca ideología del progreso, nos han hecho pensar que la economía capitalista ya no es cíclica. Parece como si las teorías sobre los ciclos -los de Kondratieff, Juglar, Kitchin- fueran viejas antiguallas de historiadores para el estudio del pasado. Pero lo único nuevo con respecto a épocas anteriores, por ejemplo la del 29, es que la existencia de Bancos Centrales y otras mallas de seguridad hacen difícil que la crisis derive en una depresión como la que el mundo occidental vivió en los años treinta. Sólo eso. Los indicadores de la crisis son numerosos. Nos interesan los que afectan directamente al ciudadano, aunque los hay más opacos y menos visibles, como el endeudamiento exterior, en el que España va por detrás de EE.UU.; el reforzamiento del euro frente al dólar, que hace difícil la exportación hacia países del área del dólar; la contracción de los créditos, sobre todo los hipotecarios, que inciden en una menor venta de viviendas; o la caída del PIB que para muchos analistas no crecerá más allá del 1%. Más directamente nos afectan el Euribor, queestá por encima del 5% y amenaza a miles de personas con hipotecas; la inflación que esta última semana alcanzaba el 5,1% lo que encarece la cesta de la compra, reduce el consumo y debilita las economías familiares; el precio de los carburantes con su secuela de paros. Con ser grave esto, la principal preocupación de los españoles, según la encuesta del CIS, es el paro que alcanza ya el 11% por el colapso de la construcción. Este agravará los problemas de los emigrantes, que según el padrón de 2008 superan el 11%. Podremos discrepar de las causas de la crisis, de si son exógenas o endógenas, pero los datos revelan la importancia de ésta. Para algunos analistas la crisis tiene su origen en el pinchazo de la burbuja inmobiliaria de EE.UU. en la primavera de 2007, tras los excesos cometidos por la banca en la concesión de hipotecas a tipos de interés muy bajo y a clientes poco solventes (hipotecas basura); para otros, el desarrollo de los países emergentes (sobre todo China, India, Brasil y Rusia), con sus elevadas compras de petróleo, son la causa del encarecimiento de su precio, con el barril por encima de los 150 dólares, y por tanto de los problemas originados a otros muchos sectores productivos. En España, las razones de la crisis están también en gran parte relacionadas con esta subida del precio de los carburantes, el desplome de la construcción, los problemas financieros; pero también por la especulación urbana, los intermediarios abusivos entre productores y consumidores, etcétera. ¿Cuáles han sido las acciones del gobierno ante la crisis? Primero ocultarla durante meses, luego ofrecernos este panem et circenses, sin pan pero con fútbol (con la metonimia de la Roja para no nombrar la selección española), verdadero opio que adormece la conciencia ante la dura realidad económica de muchos españolitos de a pie y, por último, unas medidas mínimas, que llegan tarde y no parece que sean capaces de aminorarla. Pero de eso hablaremos otro día.

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