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JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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AUNQUE MIXTIFIQUEN y oculten la crisis, para la gente ésta es cada día más evidente, pues afecta con dureza a sus bolsillos. Ante esta realidad nada significan los eufemismos y artimañas del Gobierno. Ahí están todos los indicadores de los que hablábamos la semana pasada, y sobre todo ahí están todas las dificultades para llegar al final de mes de muchos millones de españoles. El euríbor está por encima del 5%, la inflación ha superado la barrera del 5,1% y el paro alcanza ya el 11%, con más de dos millones de personas cuyo futuro es muy incierto. Estos días se hablaba de que más de 120.000 familias verán peligrar sus hipotecas antes de final de año, pues no las podrán pagar. Según la mayoría de analistas, el gobierno no ha respondido más que con acciones minimalistas para afrontar la crisis. Devolver 400 euros a algunos contribuyentes no impulsará la actividad económica; al contrario, y dejando de lado lo injusto de esta acción para miles de trabajadores, vaciará las arcas del Estado y, como dijo Solbes, con ella se han agotado las posibilidades de otras medidas. Tampoco lo harán los avales para construir viviendas de protección oficial, ni el alargamiento de las hipotecas, ni la inyección de pequeñas cantidades para ayudas a la construcción. Un signo de ese minimalismo y de gestos a la galería fue la medida adoptada por el ministro Miguel Sebastián descorbatándose en el congreso, un gesto fatuo, con el que pretende incitar a la gente al ahorro energético, después de que en estos días se haya producido un subida considerable de las tarifas eléctricas. La respuesta a la crisis la ha dado Zapatero este fin de semana en el 37 congreso federal del PSOE, un partido sumiso que aquél utiliza como ariete para ocultar la crisis. El partido socialista se transmuta en un movimiento radical, que tiene poco que ver primero con lo que es un partido, segundo con un partido obrero y tercero con un partido socialista. Se está convirtiendo en un movimiento populista y radical, comparsa de un Gobierno al que ya no alienta. Además de esta deriva hacia el populismo, las propuestas aprobadas son un intento de ocultar la crisis económica, de la que no se ha hablado en el congreso -quizá pensando en aquello de que de lo que no se habla, no existe-, mediante la estratagema de contraatacar, no a la raíz de la crisis sino a la Iglesia católica, que es más barato. Modificación de la ley del aborto, eutanasia activa y ataque directo a los símbolos católicos son los medios utilizados para desviar la atención de la gente al dramático problema de los precios, las hipotecas y el paro. Estas reformas son también un aviso a la Conferencia Episcopal, y una venganza por las criticas de ésta en la campaña electoral y por su oposición a la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Con ellas se pretende dividir a la sociedad, quizá porque conocen la cobardía del PP en su apoyo a la Iglesia, y porque ésta, por su propia condición, no puede tomar medidas que vayan contra sus propias creencias. Bastaría que durante un mes la Iglesia paralizara su acción social, la que llevan a cabo organizaciones como Cáritas, Manos Unidas, Proyecto Hombre, Hogares del Transeúnte y tantas otras, para que se produjera un caos en el país que haría tambalear el gobierno socialista. Saben que eso la Iglesia no lo va a hacer, y de eso se aprovecha Zapatero y el integrismo sectario de algunas ministras. A la Iglesia no le queda más remedio que mantener una actitud de coherencia doctrinal y de actividad responsable. Dos mil años avalan su historia.

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