Publicado por
JOSÉ AGUSTÍN GONZÁLEZ GONZÁLEZ «JONY»
León

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SEMANAS atrás, en una conversación en la plaza de Astorga, me decía un peregrino: «Son tiempos de crisis económica, de salud y de fe. Estas épocas son el momento de lanzarse al camino, que es barato, elimina toxinas y humos cerebrales, y restablece la fe en 'el existente', en el caminante» -«Muy existencialista lo veo a usted», le contesté yo a mi interlocutor. -«Sí, es que cuando, cansado, me detengo un rato en algún paraje agobiado por molinillos aerogeneradores y en pueblos debastados por la uralita, leo a Kierkegaard», respondió. Las comparaciones ya se sabe lo que son y comparar el Camino de Santiago con la Expo Zaragoza y ésta con la Expo Sevilla o el Botánico de Gijón parece que pudiera generar cierta confusión a favor de Zaragoza, teniendo en cuenta que la de Sevilla tuvo lugar hace dieciséis años. Pero muy al contrario yo fui a la Expo de Sevilla tres veces: en mayo, agosto y septiembre y confieso que caí en depresión post Expo cuando la clausuraron en octubre. Planeada en la isla de la Cartuja, de unos dos kilómetros cuadrados de superficie era una fiesta al agua en cascadas, pantallas, fuentes de diferente formato, albercas, estanques y bolas climáticas y las zonas ajardinadas con sus arrietes de flores y sus arcos y pérgolas vegetales, entre las que se pulverizaba el agua, completaban este festín de naturaleza domesticada. Los pabellones de los países participantes eran realmente amplios, lo que permitía la visita a un gran número de personas de forma simultánea; las exposiciones dinámicas, para lo que se utilizaban el cine más avanzado y las reproducciones a escala o a tamaño natural de artefactos en funcionamiento, o actuaciones de música y bailarines representando las distintas regiones terráqueas. Además de los pabellones de los diferentes países, había cuatro que siempre se recordarán: el de Los Descubrimientos , con su película de alta definición en pantalla semiesférica; el de La Navegación , con una idea y puesta en desarrollo realmente sobresalientes; el pabellón de España, de arquitectura vanguardista, un cine interactivo proyectado en el techo y una amplia exposición de pintura española; y el pabellón del Medio Ambiente, con una película en tres dimensiones cuyo guión e impacto emocional permanecen muchos años después. La Exposición de Zaragoza, que no es universal (con destacadas y manifiestas ausencias, como por ejemplo los países de habla inglesa), uno piensa que debe ser al menos un veinte por ciento de la de Sevilla y seguramente no alcanza el cinco por ciento de lo que fue en su momento la muestra andaluza, con mayor impacto en la población española.Se deambula visitando pabellones contiguos, esperando encontrar aquél que te impacte y con un poco de ansiedad tras recorrer una especie de agencias de viaje con mercadillo incorporado y que corresponden a otros tantos países, se decide abordar el pabellón de España. Una cola desmesurada de iracundos españolitos son pastoreados por azafatas con idéntico gesto, al tiempo que una de las voluntarias nos dice que los discapacitados accedemos por una puerta V.I.P. ¡Mejor no haber entrado! ¡Un bluf igual que es resto de los pabellones! Es un recorrido a un muestrario estático por el devenir de una corriente de agua, con innumerables datos y que termina en un bloque de hielo de dos toneladas y que desde luego no había sido rescatado de un glaciar, aunque la publicidad parecía indicar esta posibilidad. Las representaciones de biotopos que en Sevilla eran con animales y plantas reales, aquí son vegetales de plástico y animales de escayola. Todos los días hay conferencias y fórums de interés con el tema del agua y la sostenibilidad, aunque se echa en falta algún debate con científicos de Gaia. En las veladas hay actuaciones de todo tipo, pero los de mayor interés se ponen en recintos pequeños que no absorben ni una mínima parte del público interesado. Nosotros intentamos ver, Cabaret: de París a Berlín , con un libreto y música de Boris Vian, que como se sabe tocó todos los palos. Los pases eran tres, de las nueve y media de la noche y a la una y media de la madrugada, pero con tales colas desde media tarde que tuvimos que desistir. Nos conformamos con un grupo de rockabilly. ¡Auténticos! ¿Qué es, pues, Expo Zaragoza? Una gran inversión pública que dejará dos pabellones bellos y vanguardistas: el de Aragón y el de España. Un acuario y un palacio de exposiciones de diseño atrevido y funcional y un puente cubierto emblemático, el de la Sirena, diseñado por la irakí A. Mars. Además, jardines (que crecerán), sotos arbolados (que también crecerán), aparcamientos para los automóviles, carreteras, carriles bici, anfiteatros a la vera del río, paseos, hoteles... En fin, todo lo que la ciudad necesita hasta el siglo que viene y mucho más allá del tiempo en que el Ebro se seque. Y hasta aquí de acuerdo, incluso por la parte que nos toca como españoles que pagamos impuestos; pero después de ello, si se nos impulsa a visitar Expo Zaragoza, un poco de respeto o de calidad, que es lo mismo, y si esto no es posible, háganse las inversiones, que las disfruten los aragoneses, que nosotros las veremos despacio, sin agobios y a menor precio. No sé si queda claro ¡No, vaya! Y si ha ligado con una muchacha aragonesa y no le queda más remedio que acercarse a Zaragoza, véase el pabellón de Aragón y el de Japón, si puede; si le gusta el tango, el de Argentina y en cualquier caso el de Marruecos. Se abre con dos puertas en madera repujada con herrajes en filigrana y se organiza en torno a un estanque rectangular y con paredes de azulejos de distinta factura, galerías, celosías, alicatados y expositores de armas y ajuares medievales. En pabellones regionales destacaría el de Andalucía, también la tomadura de pelo del de Euskadi. El de Castilla y León es flojo, en un contexto malo. Con una idea original de tabiques de separación con botellas de vidrio, como envase del agua y su fácil reciclaje, se muestran expositores con objetos de arte de las diferentes provincias y se hace una breve referencia al canal de Castilla. El Partido Popular de nuestra comunidad autónoma, con su política cegara y modorra, ha perdido la oportunidad de mostrar una réplica de la Fragua de Compludo, con el agua como protagonista: generadora de energía mecánica (el martillo) y productora de viento que aviva el fuego. ...Entonces, pregunté al peregrino: ¿la alternativa de Kierkegaard? «No. La lectura, contesté, aunque sea de Kierkegaard, nunca es alternativa; es un buen complemento, como un cinturón Gucci a un traje fino. Pero el camino hay que recorrerlo, la leña ha de ser recogida por si el invierno viniera largo y sombrío».

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