LA VELETA
Pacto presupuestario
LOS MEDIOS catalanes dan ya por cierto que el Gobierno no va a contar con los nacionalistas de CiU y de ERC para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado para 2009 y que el Ejecutivo se apoyará en cambio en el Partido Nacionalista Vasco y en el Bloque Nacionalista Galego para conseguir su aprobación en las Cámaras. Conviene precisar que los Presupuestos para el 2009 no son esta vez simplemente el compendio de las preferencias gubernamentales en materia de ingresos y gastos. Son, ante todo, la única herramienta potente que tiene el Gobierno para afrontar la crisis. La austeridad en el gasto, la preferencia por la inversión, el énfasis en la educación y el I+D, etc. son los principales elementos de la lucha contra la fase descendente del ciclo económico. Tiempo habrá después, en el curso de 2008, de ir poniendo en pie un nuevo modelo de financiación autonómica que, en todo caso, habrá de implementarse a plazos porque con toda evidencia no será momento de acometer entonces nuevos dispendios. En definitiva, yerra Convergència i Unió desentendiéndose de prestar una contribución razonable a este proyecto de ley del que depende en gran medida la respuesta del Estado a la coyuntura adversa. Porque también los catalanes están padeciendo en carne propia los rigores del estancamiento, que bien pudiera convertirse en recesión a corto plazo. El recurso al apoyo del PNV, que nada tiene que ganar o que perder en este asunto , permitirá al Gobierno salir del atolladero, pero ni será gratis ni integra a las grandes fuerzas periféricas que sí deberían implicarse en el problema. No es plato de gusto para la ciudadanía que haya de ser Urkullu quien permita luchar contra la crisis económica con armas adecuadas. En esta ocasión, por su singularidad, los presupuestos requerirían un tratamiento excepcional por las razones apuntadas. Habrían de contar con un consenso amplio, con aportaciones incluso de la principal oposición -que tiene sin duda algunas buenas ideas en materia de política económica-, y habrían de servir para promover un debate iluminador sobre los objetivos reales del dinero público y la mejor forma de aplicarlos. No es bueno que su aprobación dependa, como es el caso, de un simple trueque de votos por dádivas, y que discurran por las cámaras sin pena ni gloria, sin que se produzca un verdadero contraste de pareceres y sin que la opinión pública perciba a su través que todos los partidos dan preferencia al interés colectivo sobre su conveniencia coyuntural. Se equivoca Mas al retraerse, se equivoca Pujol al consentírselo, se equivoca el nacionalismo catalán en su conjunto al replegarse con respecto a los problemas de España. Éste no es tampoco el camino fecundo que ha llevado a Cataluña al lugar relevante en que se encuentra.