TRIBUNA
Y el paro, qué, ¿campeón de Europa?
UNA FRÍA NOCHE en medio del océano Atlántico, corría el año de 1915, el Titanic se estremecía al chocar lateralmente con un iceberg. La tripulación y el pasaje se agolpaban en la borda de estribor, desde donde se podía ver la rotura lateral que aquel encuentro había producido. Nada importante ante la imponente figura de la nave. Unos pocos metros más abajo y en ese mismo instante, el contramaestre y una cuadrilla de mantenimiento comprobaban que el choque había producido una grieta continua en el casco por debajo del nivel del mar, mortal para el navío. Son dos apreciaciones, diferentes del mismo hecho, con un resultado absolutamente diferente desgraciadamente para los que allí se encontraban. Lo que me lleva a preguntarme si en la actualidad no nos pasará algo parecido al analizar la situación económica que estamos viviendo y sus consecuencias a medio y largo plazo. Nuestro mercado de trabajo es especialmente sensible a cualquier variación negativa; siempre ha dado muestras de importantes deficiencias (temporalidad, tasa de actividad, productividad, empleo femenino, adaptabilidad) reflejadas en elevadísimas tasas de desempleo. Pero la fortaleza de nuestro crecimiento ha requerido más y más trabajadores, la oferta ha absorbido a la demanda, que ha necesitado el apoyo de la población inmigrante para cumplir con las necesidades de empleo. La tasa de colocación ha ido restando puntos a la de paro hasta bajar del 8%; alguien dijo que habíamos llegado al paro friccional, un paro cero o paro burocrático, ya más no se puede. Hoy ese ritmo se ha roto, se está produciendo una incorporación masiva a las listas del desempleo, se habla de dos millones y medio de parados y se prevén más de tres a finales del 2008 y más de tres y medio para el 2009 que es el 15% de la población activa. Recientemente se han reunido la patronal, los sindicatos y el gobierno preocupados por esta situación; buscando soluciones se han encontrado apoyos. Ninguna propuesta. Y sin embargo, hay campo para mejorar y es imprescindible hacerlo. El mercado laboral adolece de rigideces que en lugar de mejorar la contratación tienden a constreñirla. Empezando por nuestro sistema de negociación colectiva que limita la capacidad de las empresas para definir su modelo de personal óptimo, e impone unas condiciones a la negociación que en muchos casos se encuentran en las antípodas de las posibilidades de la empresa, ahuyentando la creación de nuevos empleos. En nuestro país el coste de despido es el más alto de la OCDE, la excesiva protección supone un freno a las nuevas contrataciones, ya que el empresario considera ese coste que le impide la adaptación de la empresa a las circunstancias del mercado. La empresa española se encuentra con despidos tan caros que prefieren mantener puestos ineficaces con un alto coste de despido y sacrifican nuevas incorporaciones sensiblemente más baratas a la hora de ajustarse a las necesidades de producción y obteniendo a medio y largo plazo un lastre en su competitividad. Con las cotizaciones a la Seguridad Social pasa lo mismo, las más altas de cuantas se devengan en los países industrializados, suponen un coste excesivo, más en épocas de deceleración. No es el lugar para analizar los presupuestos de la Seguridad Social y aplicar políticas de ahorro, que se deberían hacer, pero sí puede ser interesante detenerse en un punto: la prestación por desempleo, que se convierte en un sistema de natural de remuneración de muchas familias en lugar de una cobertura puntual que cubre la búsqueda de un nuevo puesto de trabajo. Nuestro sistema actual no fomenta la búsqueda de empleo, al contrario, apoltrona; no crea iniciativa, sino una espera, siendo un porcentaje elevadísimo el que aprovecha toda la prestación hasta iniciar una búsqueda activa. Durante este año el monto de prestaciones se irá incrementando y tomando cuerpo hasta convertirse en un verdadero problema para las arcas del Estado ya de por sí bastantes delicadas c on las medidas mesiánicas iniciadas por nuestro Gobierno, por lo que se hace necesario establecer limitaciones a esta cobertura. Se me ocurre a colación ¿por qué no aprovechar esos recursos inactivos en actividades sociales? Pagar por hacer algo, no parece descabellado. En nuestro país existe un sinfín de tipos de contrato que tienden a crean una sensación de incertidumbre para el empleador: que si este tiene bonificación en la cotización, aquel no, que si este tiene una subvención o no,.. Y donde fórmulas contractuales como «a tiempo parcial» tienen un peso relativo muy bajo en comparación con otros países europeos. Y sin embargo, estos modelos contractuales que pueden permitir compatibilizar el trabajo con otras esferas de la vida del trabajador y que en la actualidad o les impiden acceder al mercado laboral o bien supone un nuevo coste para las empresas en forma de permisos y bajas. La reordenación de los tipos de contrato y el fomento del contrato a tiempo parcial incrementaría la transparencia en el mercado laboral y abriría nuevas posibilidades. Porque con crisis o sin ella es necesario replantearnos constantemente las bases fundamentales del desarrollo social y económico de un sistema que puede ser una empresa, una comunidad de vecinos o una nación, para introducir mejoras y adaptarnos al mercado con mayor facilidad y sin los sobresaltos actuales donde nos acostamos creciendo más que Europa y nos levantamos dentro de la crisis más importante de los últimos veinticinco años. Sorprende (o no tanto) que España, habiendo capeado francamente bien crisis mundiales anteriores, se nos haya atragantado tanto ésta. Lo más seguro es que existan problemas estructurales que lastran el crecimiento y que habría que localizar y subsanar. Pero por las medidas aplicadas por nuestro Gobierno no parece ese el camino, sino el del parche y hasta la gasolinera más próxima. Así no se sale de una recesión, así nos hundimos cada vez más. Al final nos acordaremos de aquel viejecillo de un anuncio televisivo que, incomunicado, preguntaba: ¿y el paro, otra vez campeón de Europa?