AL TRASLUZ
Cincuenta tacos
NO ME huyan mis lectores que no convertiré este « Al trasluz» en malhablada columna pirata. Los cincuenta tacos del título son los años que acabo de cumplir, en este octubre de crisis financiera, pero aún más de esperanza, pues aseguran que nos van a refundar el capitalismo. Cuando cumplí veintiocho, les conté en esta misma sección que esperaba haber amanecido con barba a lo Valle Inclán. Por lo visto, tal edad debió de parecerme asombrosa, como alcanzar la cima del Everest, tema digno del realismo mágico. Cincuenta tacos. Ahora sí, y por una vez, se me va a permitir un «¡coño!». Una vez liberado el desahogo, sigamos. En cinco décadas ha habido de todo, como en botica, y quien no haya vivido su particular Pearl Harbor es que está muerto y no se ha dado cuenta. Cincuenta tacos. Y aquí seguimos, del lado de los hobbits. La vida es maravillosa, incluso en esas ocasiones en las que te sientes dentro del último cuadro que pintó Van Gogh. Me considero afortunado de haber vivido mi infancia en la década de los sesenta, así como la adolescencia en la de los setenta, fuera cronológicamente de la fascinación por la informática y demás tentaciones actuales, pues para ser cincuentón, para qué nos vamos a engañar, cualquier época sirve, pues nuestro destino es el urólogo. En efecto, Sarkozy ha propuesto una asamblea internacional para darle al capitalismo un poco de tres en uno. ¡Y en 1992 se nos profetizó el fin de la Historia, porque tres años antes se nos había caído el muro de Berlín! Desde el puesto de vigía de mis cincuenta tacos recién llegados, sigo creyendo en el ser humano; no le dejaría a nadie las llaves de mi coche nuevo, pero, por supuesto, le indicaría sin reservas dónde lo he comprado. Refundar el capitalismo. Me apunto. Cumplir para ver.