EL AULLIDO
José Tomás ha vuelto a agigantar nuestros sueños
QUERIDO JOSÉ TOMÁS: En presencia de la muerte el hombre se retrata tal cual es. Por eso la fiesta épica y lírica de los toros se hace grande cuando alguien con talento y arrojo es capaz de convertir esa celebración en puro ejercicio moral. De hecho los derrotados por la fortuna tendemos a ser mayoría pero ahí estás tú transformado y vestido de luces y sueños para decir sin palabras -basta la elocuencia de tu creatividad expresionista- que no hay peor derrota que tener que imaginar que hemos vencido¿ Oh, al menos nos queda tu catártico arte para convertir esa fabulación en realidad. Un toro bravo y bien armado avanza contra la muleta color sangre, y, tras ella, tú. Tú con la mirada entera y el cuerpo casi quieto -«nada te turbe, nada te espante»- demostrando que la quietud es la única posición inexpugnable. En efecto tú, siempre portador de un silencio y un misticismo verdaderamente estremecedores, vuelves a hacernos saber que la tauromaquia, como la poesía, es una conjunción de belleza y metáfora; que el toro es el miedo del hombre; que has salido a la plaza -que es la vida- casi desnudo pero armado para enseñarnos con hechos que al miedo hay que enfrentarlo, que no vale ignorarlo ni tampoco huir, que llevamos dentro de nosotros mismos a un luchador y a un esteta y por eso la tauromaquia, esa fuente inagotable de cantares de gesta, nos pone en contacto con una parte imprescindible de lo que somos¿ El coraje -escribió Borges- es siempre la mejor opción. Por eso sabiéndolo o no los acorralados por la vida, entre los cuales a veces me cuento, concebimos tu arte arriesgado y sincero como una reparación simbólica. Contemplamos pues ansiosos el sacrificio mítico del toro y recordamos así que tener miedo y no hacer nada al respecto, eso sí que es un crimen, pero enfrentarlo equivale a una proeza. En este sentido, querido José Tomás, no sólo nos intensificas la existencia mediante tus faenas irrepetibles sino que además, ponderado y cauto como eres, nos hablas sin palabras de la vida con su dureza recia y su ininteligible sentido¿. «Pues si es duro morir, vivir tampoco es menos» escribió Luis Cernuda a ese respecto. En efecto en la fiesta de los toros hay menos muerte que vida. Yo, que estuve dos veces desplomado en una cama de hospital mientras la muerte me miraba de cerca con viscosa obscenidad, soy de los que veo en las buenas corridas de toros más belleza moral que espectáculo, y por eso prefiero el virtuosismo al exhibicionismo¿Los virtuosos siempre sois extravagantes pero, con todo, os prefiero. Te prefiero... Amo todo lo que me hace hervir la sangre, lo que da vida a la vida, y por eso me gusta tu forma apasionada y radical de entender y practicar el arte. Ya sé que no te gustan los toros si no son en directo y por eso te pido perdón por mi reiterada condición de sacrílego pues, en lo que tiene que ver con la fiesta, la televisión me parece un sucedáneo depauperado, aunque consolador. Y es que pertenezco al reducto de los que no pueden permitirse sus sueños, aunque sé ahora que no ha acabado todo, que has regresado por todo lo alto, que tal vez pueda aún verte crear ante un toro en directo con mi mirada ingenua de resucitado que tiembla en presencia de quien sabe convertir la muerte en fiesta. Como los deseos, todos los sacrilegios realizados a sabiendas amplían los horizontes y gracias a ellos el mundo es enorme y diverso. Por eso, ya que no tengo energías para la épica, me sumo líricamente a quienes llevan todo el año celebrando tu reaparición como si de un nacimiento de fuego se tratara¿ Cada época tiene un torero, un libro y un recuerdo, y lo demás lo barre el viento. Gracias por volver a producir momentos que no podamos olvidar.