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León

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RABIA y perplejidad son dos de los sentimientos, junto a la tristeza, que te abordan ante la muerte de María Teresa García. Nos conocimos con motivo de haberla entrevistado como presidenta de Aleco, y luego a lo largo de los años nos hemos saludado constantemente, al vivir yo muy cerca de «Fansy», su tienda de ropa de mujer, uno de esos comercios de barrio que te proyectan que dicha proximidad no es sólo física, sino concepción vitalista de la profesión y estilo de vida (si un comerciante no domina el arte de las buenas maneras trabajará en el sector pero no pertenece realmente al mismo). Mujer independiente y con personalidad, su vida ha sido truncada por un brutal asesinato, que nos hace preguntarnos si León ha dejado de ser ya esa ciudad en la que aún se podía regresar de madrugada a casa paseando; por lo visto, no. El comercio, alma empresarial de nuestros barrios, ha recibido como un mazazo tan dolorosa noticia, en unos tiempos en los que la incertidumbre se extiende sobre muchos de sus compañeros del gremio. Era una luchadora, una de esas personas acostumbradas a luchar, en lo personal y en lo profesional, que en las crisis aprietan los puños, respiran hondo, sin dejar de sonreír, y miran siempre hacia adelante; pero la despojaron de su futuro, y a los comerciantes leoneses de la fuerza de un ejemplo, que les iba a ser muy necesario en las situaciones difíciles. El corazón de los barrios lo integran personas como ella, pequeños comerciantes que conocen a sus clientes por el nombre. Su hija tiene una tienda al lado de la suya, y tiene en el espíritu emprendedor de su madre un gran referente. Menos mal que todavía somos una sociedad capaz de reaccionar con espanto ante una tragedia. Mientras, la calle León cuenta con un ángel protector.

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