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León

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YA LO DEJÓ dicho para sentencia el Coplero genial Don Jorge:

no hace falta recordarlo, pero sí acaso, quizá, tal vez, quién sabe lo de los ricos y las familias: «allí los ríos caudales, allí los otros medianos, los que viven por sus manos y los ricos». Todos somos iguales ante la ley y ante los juristas encargados de aplicarla... menos para los políticos que son los encargados de establecer las normas de conducta que convienen a la mejor función de la sociedad gobernada por los partidos.

Por ejemplo, cuando según parecía la basura nos llegaba a los trabajados, la «Gersul», que por cierto ni sé por qué se llama así, ni para qué sirve, ni qué coña es lo que representa en la geografía política de nuestro ínclito y nunca bien analizado municipio, formado por gala en dos partes, los unos fieles al señor alcalde, proclamado secretario de partido, y los otros de obediencia debida al vicealcalde, por cierto nos pasa con ellos lo que con el nombre y el cometido de «Gersul», que no sé para qué coña maragata sirve.

El caso es que primero ponen unas tasas que tiraban centellas, de tantos por ciento aplicables como tributos por recogida de basruas de toda especie y color.

Los señores e infelices víctimas del impuesto pusieron el grito en la boca del cielo municipal, hasta que el señor «Gersul» ese y los otros gersules habidos en el Ayuntamiento, comprendieron que, efectivamente, los impuestos que se pretendían más bien parecían «robo y mano libre» que tasa para el mejor decoro de la Ciudad y atendiendo las reclamaciones y lamentaciones del comercio, la industria y la iglesia parroquial, decidieron suprimir estos impuestos escandalosos y excluir a la iglesia, al Comercio y a la industria de tan bárbaro atropello en la bolsa y la vida de los feligreses y contribuyentes, dejándolo íntegro y aún con riesgo de aumento, para las familias las cuales tendrán que pagar los vidrios rotos.

Y es lo que el común de vecinos se pregunta, con un tono elegíaco y lastimero: ¿Por qué a las familias sí las corresponde el pago íntegro del impuesto y a los comerciantes, industriales se les exime generosamente del tal y del cual pago.

¿A qué coña jugamos en el Municipio o en el tal «Gersul» para disponer de los efectos de la ley (si es que la ley existe) y para graves hasta morir con las deudas pendientes y las hambres llamndo a todas las puertas? ¿Quién autoriza a este Ayuntamiento de León a condonar sus obligaciones de vecino con obligaciones (o no, que esa es otra) mientras a los vecinos que no tienen ni iglesia parroquial ni nada, juntamente con los comerciantes que estarán que lo tiran con la crisis pero que obtienen en favor del «Gersul», son agraciados con el premio gordo del sistema de Impuestos y otras gaitas?

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Aquí hay trampa o favor singular. ¡Por favor, señor «Gersul», o todos o ninguno, ¿no?