Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

NUEVE siglos atrás, allá por el 1109, las losas del pavimento del altar de San Isidoro manaron agua por segunda vez en su historia, con ocasión ahora de la desaparición de Alfonso VI. Coincidió la primera con la muerte de Fernando, rey de León por matrimonio y adopción de intereses, aquel monarca que cercaba Valencia antes que el Cid cuando sintiera los primeros síntomas de la enfermedad que le llevó al otro mundo en clase preferente. Lloraron las piedras y los hombres. Sobre todo los hombres, a la luz de lo que se avecinaba.

Sus restos, los de su mujer, los de sus descendientes, descansan en paz en el panteón erigido a los pies de la basílica, a medio camino entre la muralla que protege de las gentes y los muros que amparan al creyente. Doble resguardo el de nuestros monarcas, que, desde hace diez siglos escuchan una oración por sus almas llueva, truene, invadan los franceses o desamorticen los hispanos.

En este León nuestro de lo importante nada cambia. Me refiero a la historia, que no necesitamos trastocar, maquillar aquí y acá, para que adquiera grandeza, pues ya la tiene, aunque algunas fuerzas oscuras se empeñen en tiznar su recuerdo. Pero, como en la rima popular, son pocos, burros y cobardes, así que nada hemos de temer de su inquina deleznable. Además, San Isidoro nos protege con su experiencia de siglos a finales de abril, su celebración que es universitaria también, y en el día de los Reyes, esto es: el 6 de enero.

Solían recibir a los ciudadanos en tan señalada jornada, 6 de enero, los monarcas de la Casa de Austria, esos de labio prominente, nariz en consonancia, inteligencia en difícil equilibrio y alma atormentada por querellas palatinas y de alcoba, pero que llevaron el nombre de España hasta la última ola del Pacífico. Heredaron formas y costumbres los franceses Borbones, llegan hasta nuestros días gracias a nuestro rey, Juan Carlos I, que sigue con sus recepciones en fecha ilustre cual ésta.

Ahora que San Isidoro, en su conjunto, ha merecido el honor de destacarse como el más importante monumento románico de la piel de toro a juicio de los cibervotantes, tal vez haya llegado el momento de que los leoneses saquemos pecho y nos enorgullezcamos. Qué mejor ocasión para que el león despierte que el 6 de enero, fecha en la que nuestro pasado se hermanará con el presente. Admiren las pinturas del panteón con los ojos de un niño, sientan todos ese orgullo bien entendido de ser leonés, que a algunos tanto se les atraganta con su mente ahormada a la orejera intelectual.

Cargando contenidos...

Deberían animarse los ciudadanos a acudir al templo en tan señalada fecha este año singular, calentamiento de motores para el 2010. No por la parafernalia a ella inherente, sino por la espiritualidad buena que vibra en cada paramento, que nace de cada piedra, que se respira en esa piedad obtenida de millones de rezos y esperanzas de nuestros antepasados, en esa hombría de bien que rezuma el entorno, seamos o no creyentes. Hagan hueco en sus vidas para visitar San Isidoro el 6 de enero. El patrono se lo agradecerá.