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León

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ISRAEL NO CESA en su masacre en la Franja de Gaza. Sigue bombardeado el Ministerio de Interior, la Universidad de Gaza, la sede del Comité Olímpico, dejando ya más de 300 muertos y 1.420 heridos, arrojando más de 100 bombas diarias desde aviones F-”16 y helicópteros Apache sobre docenas de sitios en la Franja de Gaza ocupada por Israel, quedando aún decenas de cadáveres entre los escombros de los edificios bombardeados Sin aparecer. Son más de cinco mil desde que dio comienzo la segunda intifada y muchos miles más desde que existe Israel hace sesenta años sin que la ONU, la OTAN, la UE ni ninguna otra organización internacional hayan hecho otra cosa que recompensar a Israel por su política genocida en Palestina.

Israel está próximo a las elecciones. Y la ministra de Relaciones Exteriores de Israel, Tzipi Livni, que espera convertirse en primera ministra después de estas elecciones, ya habla de invasión a gran escala para restaurar el control israelí del territorio. Se han desplegado carros de combate israelíes en la frontera de la Franja de Gaza, preparados para entrar. Los partidos políticos israelíes, desde el Partido Laborista a Kadima, buscan réditos políticos de estas próximas elecciones mostrando a cuál más mano dura con la población palestina. Poco importan los cadáveres y el sufrimiento que dejarán, porque son palestinos, son los otros, el enemigo. Es el mismo esquema que ya aplicó el fascismo hitleriano con el pueblo judío en los años 30 y que los gobernantes judíos actuales están dispuestos a aplicar, manu militari, con la población palestina. La situación en Gaza es dramática. La franja de Gaza tiene una superficie de 1,50 kilómetros cuadrados. En ella viven casi un millón y medio habitantes. Más del 75% son refugiados que tuvieron que abandonar sus casas a raíz de la guerra de 1948,y de la creación del Estado de Israel. Desde que los israelíes destruyeron el aeropuerto local, Gaza tiene una Única salida al mundo, que es el Cruce de Rafah en la frontera de Egipto. Pero este cruce lleva cerrado desde hace meses. Eso significa que no es posible ni entrar ni salir de Gaza. En el resto de sus fronteras, Gaza está delimitada por Israel y por el mar Mediterráneo, controlado también por el ejército israelí. Israel ha convertido Gaza en un ghetto, una enorme cárcel, donde 1.500.000 personas viven hacinadas, en condiciones precarias de luz, agua, combustible, víveres, medicinas ,... donde toda entrada está rigurosa y metódicamente controlada por Israel. Esta escasez se acompaña de incursiones de observación y de matanzas diarias, con el Objetivo de llevar a la población a la indefensión. La vida es sencillamente inhumana.

Lo que nunca cuestionan los medios es la idea de una tregua de Israel. Bajo estas treguas al estilo israelí, los palestinos tienen derecho a mantener silencio mientras Israel los mata de hambre, los asesina y sigue colonizando violentamente su país. Israel impuso un embargo colectivo de agua, alimentos, cortando los suministros de combustibles y electricidad y dejando toda la Franja de Gaza y sus habitantes a oscuras y sin ningún tipo de energía. Israel no sólo ha prohibido alimentos y medicinas para matar los cuerpos, sino también quiere matar de hambre las mentes: debido al bloqueo, no hay ni siquiera tinta, papel y adhesivo para imprimir libros de texto para escolares. El bloqueo que sufre Gaza, donde los militares israelíes controlan las fronteras, el espacio aéreo y las costas, no permite el tránsito de la población y la salida o ingreso de las mercancías, además de prohibir la entrada de la ayuda humanitaria de Naciones Unidas. Según los datos de la ONU el 79% de los palestinos de la Franja de Gaza vive en la pobreza.

Los horribles ataques de estos días marcan sólo un cambio en el método reciente israelí de asesinar palestinos. La ingeniosa «política» israelí de ralentizar la Solución Final de los nazis, es decir, el lento asesinato de toda una población, ha sido olvidada ante las próximas elecciones. El salto cualitativo, no son los bombardeos para asesinar cientos de palestinos de una sola vez, tampoco las declaraciones de la comunidad internacional poniendo en el mismo plano a víctimas y verdugos al manifestar sus deseos «de que finalice la violencia», ni siquiera la connivencia de los gobiernos de los países árabes colindantes; lo que supone un camino sin retorno es la justificación sistemática del asesinato y su utilización como moneda de cambio en el sistema político. Los hasta ahora eficaces los crímenes del terrorismo de Estado, denominados eufemísticamente «asesinatos selectivos», el boicot, el bloqueo, la demolición de viviendas, la expulsión de tierras cultivables, el arrancar los olivares y sus fuentes de sustento, el control del agua, el impedir acudir a los hospitales, ha dejado paso a la masacre y el genocidio directo como muestra de la mano dura y el timón firme que pretenden presentar los partidos ante las elecciones.

La pasividad de la comunidad internacional y el silencio frente a las permanentes atrocidades de este terrorismo del estado israelí, estimulan a Israel para continuar con su política de agresión basada en la superioridad militar. Los gobiernos occidentales avalan su actuación recalcando las consignas de «cese de la violencia» y creando la falsa imagen de dos estados en guerra. Los medios de comunicación reproducen el discurso israelí y tienen su propio papel en la masacre: convierten los cuarteles de la policía palestina en Gaza en «instalaciones de Hamás», palabra ya maldita convertida en adjetivo que permite justificar la destrucción de las vidas de los palestinos. Las agencias de noticias difunden que Israel bombardea el sur de Gaza para destruir los túneles con Egipto, pero no habla de que esos túneles son las únicas vías de acceso para aliviar el asedio y el hambre de los habitantes de Gaza. Los asesinatos se convierten en «Segunda jornada de ofensiva israelí en la franja». A los medios sólo les interesa, lo mismo que a la Comunidad internacional, las declaraciones de los atacantes. La prensa afirma «una mezquita ha sido bombardeada en las últimas horas por acoger «actividades terroristas», ha dicho un portavoz militar israelí». Pero los medios no dan voz a los familiares de los palestinos asesinados en la mezquita sino al ejército israelí, que justifica los ataques.

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Confiar en la ONU, pedir a Israel que detenga los ataques... es proteger al agresor, es inhibirse ante su acción, es mirar para otro lado. Si Irán estuviera bombardeando Israel, como éste hace con Gaza, ya se estarían movilizando ejércitos enteros contra Irán. Pero Naciones Unidas no intervendrá en Gaza, como hace en África. La cantidad de muertos allí, en Palestina, no deja estupefacto como en lo que se refiere a otras calamidades y no es una historia nueva, es peligrosamente vieja e inquietante. Sigue sin haber otra manera de detener a Israel que el boicot, la desinversión y las sanciones. El cese de los acuerdos comerciales preferentes de Europa y España con Israel. No podemos quedarnos callados. En todas partes se está alzando el clamor: hay concentraciones y encierros, como muestra de repulsa, indignación y rabia, en Madrid, en Barcelona, en Sevilla, en Málaga, en Salamanca, en Valencia, en Asturias-¦ ¡Alcemos nuestras voces juntos por todas aquellas que en Gaza no pueden hacerlo!