CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER

Hay pueblos de pueblos

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VICTORIANO CRÉMER
León

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HAY PUEBLOS, me decía el amigo que va para filósofo, que saben a desdicha. Y eso no lo digo por este mío y vuestro de León, que anda dándole vueltas al Patrimonio para descubrir los orígenes de la especie. Hay pueblos afortunados que todo o les sale bien o se lo dan hecho. En el tiempo de las bárbaras regiones, cuando de las cruces colgaban a los ladrones, los llamados pueblos-pueblos, se limitaban a serlo, sin meterse en camisas legionarias ni en pedir peras al olmo.

Hoy, los pueblos, sin duda siguiendo la huella de la feminidad, que va a por todas, pide y se le da. Piden agua para lavar los trapos sucios, y ermitas para la adoración del santo patrón y piscinas para el verano y calefacción en el campo de pelotón, para evitar los tremendos fríos que le están designado a este pueblo sufridor.

Hoy, los pueblos adelantan que es una barbaridad y lugarejos que no hace casi nada de tiempo y lugar no pasaban de la egregia patata y la cebolla heráldica, hablan de la cocina moderna, que suele consistir en una cocina a la cual le han escamoteado el contenido. Pero ahora y en la hora convulsa de nuestra desaceleración, acelerada, hasta el pueblo más insignificante pide más. Y aspira a disponer de tantos y cuantos medios de progresismo y aparato como cualquier diputado en nómina.

Seguir la línea de importancia adquirida por los poblados originales, es para marearse y el motivo por el cual hasta las niñas de catorce años piden apoyos desde el balcón.

Fiel a esta demanda, que asusta a los economistas más renombrados, la señora Excelentísima de la Diputación Provincial, sobre cuyos presupuestos gravitan los pueblos-pueblo, ha propuesto recientemente una tanta de euros como para levantar una catedral con órgano, demandando tal cantidad gigantesca para atender las necesidades de la Santa Iglesia de su no menos santísimo pueblo.

Y esta actitud, digna de admiración y gratitud ha dado, está dando una vuelta a la configuración social y ética de los pueblos, en los que ya nadie es lo que era ni se resigna a una vida de enmienda y raspadura, en sus afanes, sino que le exige al padre de la criatura que le presente para diputada o al menos para concejala de su pueblo, porque dice que lo que importa no es el parecer, sino el ser... el ser rico, claro.

Y cuando se proclama que la inmigración no es suficiente para la fijación de una población estable en el medio rural, es porque ya no hay en todo el medio ni en el entero una muchacha que se conforme con el pan y la cebolla que antes formaba parte del alimento ético, social y religioso de la mayoría de las chicas y de los chicos.

La baja fecundidad de las madres que pudieran proporcionarnos población estable está desapareciendo anuladas por las aspirantes a Comandantes de artillería o a aficionadas a desfilar por la pasarela Cibeles.

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Y, claro, con esas vocaciones, a ver quién coña hace hijos para el cielo y para el cultivo de la remolacha. Y en estas van y nos anuncian que las eléctrica subirán las tarifas de la luz... ¡Esto sí que manda mecha!