A ESGAYA | EMILIO GANCEDO
«Piquiñina» pero grande
LA LITERATURA es la madre patria de las lenguas. Donde pueden asomarse al gran balcón del mundo. Desde donde se embarcan hacia brillantes aventuras, donde se sienten verdaderamente libres. Donde pueden estirar las piernas. La literatura es la patria, también, de muchos hombres sabios. Es refugio, pasaporte y máquina del tiempo. Es el espejo en el que vemos reflejada otra imagen de nosotros mismos; el envés de nuestro haz. Un nosotros diferente, etéreo, fantástico, todopoderoso. Es magia, crecimiento y fuerza a la vez.
Eso es -”eso ha de ser-”, para una lengua, su literatura. Por pequeña que sea esta lengua. Por piquiñina que sea. Una lengua se entiende en la espontaneidad o querencia de sus hablantes y en unos escritos que desafían al tiempo y al espacio. A mí me gusta nuestro leonés: el acento, las palabras, aquellos tonos de Babia que nunca olvidaré. O los deliciosos cuentos de Eva González y de Caitanu Bardón que me depararon impagables tardes de lectura. Y la poesía terrible, desnuda, redonda, de Roberto González-Quevedo. Y a su lado, a su mismo lado, el ritmo cadencioso, evocador, del padre Galo, -˜Fernán Coronas-™ (Cadavedo, cerca de Luarca, 1884); el lirismo de Taresa Lorences (Salas, 1955), la extraordinaria altura literaria de Xuan Bello (Paniceiros, Tineo, 1965), y la música (esa otra versión de lo literario) de los Llan de Cubel, de Corquiéu o del inimitable Xosé Antón Ambás.
Yo no entiendo la lengua como un puro artefacto identitario. La quiero como tal, en su amplitud y en su realidad imparcelable. En el disfrute de su literatura entera, tan llena de sorpresas y de guiños. Así que, por favor, no impidáis leer a los maestros imponiendo diferencias gratuitas. No pongamos piedras en el camino. Llamémosle asturiano en Asturias, leonés en León. Vale. Pero con un mismo sistema gráfico para poder crear, entre todos, una literatura compartible y compartida. Ya lo dijo Bello, el arte no tiene otro fin que el de «añadir un pouco de lluz a la lluz del día: guardar, pal iviernu que vien, un pouco de belleza nel hórriu del mundu».