AL TRASLUZ | EDUARDO AGUIRRE
Más que feo
ACABÁRAMOS. Según un estudio de la Universidad de Sippensburg, suponemos que realizado y financiado antes de la crisis, los adolescentes con nombres feos son más proclives a la delincuencia. Pues que vengan a echarle un vistazo a las esquelas que publica este periódico, porque algunos te hacen preguntarte cómo es posible castigar así a un ser humano. Johny Cash tiene una famosa canción llamada «Un chico llamado Sue», es decir, con nombre de mujer, en el que, efectivamente, el pobrecito se ve arrastrado por ello a una vida salvaje y delictiva, y cuando se dispone a matar a su propio padre, como venganza por la ocurrencia, este le explica que lo hizo para endurecerlo ante los golpes de la vida. Bueno, es una explicación como otra cualquiera para recibirla de un matón de Chicago. Pero a ver cómo justifica un leonés a su hijo haberle puesto, Filogonio, Serapio o Clodoaldo y demás aberraciones del martirologio romano, ante las cuales ponerle a un hijo Obdulio es casi de agradecer. Como mi padre me llamó Wifredo, pues tú Ubiniano. Con venganzas shakesperianas como esas, dan ganas de escaparse de la pila bautismal y correr a alistarse directamente en la banda de Al Capone. No obstante, una mujer guapa con un nombre feo parece como si chirría menos, ¿o usted no le perdonaría a Eva Mendes llamarse Ludovica? Pero es Huerta del Rey, un pueblo de Burgos, el que aparece en el Guinnes por tener más vecinos con nombres monstruosos, una proeza de la etimología local, mucho más asombrosa que comerse quinientos huevos duros en media hora, y todas esas chorradas de dicho ranking del más difícil todavía. La reveladora investigación ha sido publicada en la gran revista estadounidense Social Sciencie Quaterly, a la que no aún no estoy suscrito. ¡Cómo está el mundo, Facundo!