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Luis Mayoral (presidente Down Castilla y León)
León

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¡La que has armado, Izaskun!. Cuando pediste una oportunidad de mejora de empleo al presidente del Gobierno en un programa de televisión y Zapatero contestó que sería un honor para él trabajar junto a ti, nadie pudo prever la consecuencias de tus palabras. Apenas concluido el programa los misteriosos indicadores de audiencia te aupaban a la categoría de estrella de la noche, la pregunta había sumado más espectadores que un Madrid -Barça en liga de fútbol. Hasta el propio presidente del Gobierno reconocía que la intervención de la joven con síndrome de Down fue la más emotiva y que incluso la reservaría un hueco en su memoria. Al día siguiente la prensa destacaba el hecho, la foto de Izaskun competía con los personajes habituales de los medios; políticos, famosos, futbolistas, gente al parecer importante y es que no era cuestión de obviar las preferencias de 7 millones y medio de españoles. Dos días después Javier Dorronsoro, síndrome de Down, 21 años, saltaba a las páginas de los diarios españoles más importantes mostrando su competencia en los pasillos del Congreso de los Diputados, trabaja como asistente del Grupo Popular. La ola seguía creciendo, más medios se sumaban al interés por ofrecer detalles de los trabajos que otros chavales con el mismo síndrome desempeñan. Así de esta guisa algunos periódicos locales descubrían que también en sus ciudades otros Izaskun y Javieres cotizaban a la Seguridad Social como empleados activos. Curioso este país, ¿qué ha sucedido para que los medios valoren como noticiable el trabajo de un par jóvenes con discapacidad y que los políticos rivalicen intentando adueñarse de sus imágenes? Posiblemente la tele y su inmenso poder, y además detalles de oportunidad. La bolita de la agencia seleccionadora, la decisión de Lorenzo Milá señalando a Izaskun. Y la propia Izaskun, que, mejor no lo pudo hacer. Sin embargo lo que muchos espectadores o periodistas desconocían es que, como ella, más de 500 jóvenes con síndrome de Down se levantan todos los días en España para acudir a su cita con el puesto de trabajo. 500 jóvenes a quienes les ha costado muchas horas de esfuerzo y sacrificio conseguir su oportunidad. 500 familias que han creído en las posibilidades de sus hijos, y se han dejado trozos de vida para conseguir algo que hace unos pocos años no pasaba de voluntariosas ilusiones de padres visionarios. Posiblemente tampoco sepan que decenas de profesionales competentes, casi siempre mal pagados aunque compensados con los progresos de los chicos se afanan en conseguir lo mejor de cada uno de ellos. Sin olvidar a otras tantas asociaciones de padres, que con paciencia y tenacidad, han arrancado parcelas de compromiso a los poderes públicos. Querida Izaskun, querido Javier dentro de unos días cuando haya pasado este follón, los periodistas dejen de llamaros y vuestros amigos, conocidos y familiares vuelvan al trato habitual seguiréis con lo vuestro, haciendo lo que veníais haciendo, empaquetando en Embassy y desplegando simpatía por los pasillos del Congreso, o sea lo que los afortunados españoles que aún trabajamos intentamos hacer todos los días: trabajar.

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