CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER
La caridad bien entendida...
NO SUELO ser muy limosnero, por la sencilla y decisiva razón de que si no tengo para mí, mal puedo disponer para otros. Y pese a ello, me tengo por vecino muy solidario, amigo de hacer favores, no como la moza de Calatayud, sino como aquel que a la vista de un dolor, de una desgracia o de un contratiempo se siente atrapado por el sentimiento y acaba entregándose a quien solicita su ayuda.
De tal manera esta entrega a los demás, siempre que puedo y me dejan es activa y constante que recuerdo anécdotas que acabaron en categoría humana. Y no cito el pormenor porque ello equivaldría precisamente a malograr los méritos de que alardeo.
Pero así que me llega o me alcanza un motivo real de caridad, de misericordia o de solidaridad, para el cual se requieren y se consiguen colaboraciones muy apreciadas y que se solapan a veces con nombres un tanto conflictivos o de entraña vanidosa, se solicite o no mi aportación, acabo de hacerlo, cubriendo, me parece a mí, un vacío que demanda correción.
En el poblado en el que vivo se producen frecuentemente la creación de ONGs, que suelen ser Organizaciones más bien independientes de la acción caritativa oficial, siempre tan malograda por la falta de intención libre de influencias, y que aparecen entregadas a subvenir a necesidades urgentes, y sin forzar la memoria ni la intención se me agolpan en la mente y en el corazón, los sentimientos de ayuda al que lo necesita, que en León tiene un nombre de obligado conocimiento y atención: «Asociación Leonesa de Caridad», a través de la cual centenares de necesitados acuden en demanda de auxilio. Sencillamente porque tienen hambre y sed de muchas cosas, pero fundamente de pan y de justicia.
Cerca de Cien Mil Comidas fueron repartidas entre peregrinantes del hambre y muchos más rondadores de la muerte acuden a solicitar que les sea atendida su demanda.
Y, con todos los respetos y cuantas justificaciones fueran obligadas no acabo de entender del todo que se entreguen de corazón y materialmente al magnífico deporte de vestir al desnudo o de dar posada al peregrino o dar de comer al hambriento, peregrinante por todos los caminos y no tantos ni cuantos de los que la Ciudad de Reyes y de Reinos la magnífica y generosa cuando el suceso lo demanda, llaman a todas las puertas del lugar en el que se vive y se muere, sin que se le mueva el alma para cubrir tantísima necesidad.
La Asociación Leonesa de Caridad es una de las Instituciones de obligado atendimiento y no parece ni justo, ni cristiano, ni democrático ni nada, que los señores del dinero común distribuyan tantísimos millones en solucionar problemas deportivos o de divertimiento, sin querer entender que lo primero es lo primero y que contemplar el paso o el desembarco de tantísimo mendigo, sin tenderle una mano o las dos, es cuando menos una demostración de frivolidad y de mala entraña. Desde hace ya más de cien años la Asociación Leonesa de Caridad se esfuerza en mantenerse viva y activa. ¿Por qué hay dinero para fantochadas y para vanidad de vanidades y no hay la suficiente voluntad ni caridad para la supervivencia de más de 3.000 transeúntes a la deriva?... ¡No lo entiendo!