TRIBUNA | pedro rabanillo
¿Privatizar la política?
DESDE UN TIEMPO a esta parte, se ha venido especulando sobre la imperiosa necesidad de privatizar algunos servicios en el Ayuntamiento de León, con el fin de conseguir desahogo económico y tratar de hacer frente a la escandalosa deuda que los distintos gobiernos municipales han venido acumulando a partir de la nefasta gestión del «ínclito» J uan Morano.
La incapacidad de los sucesivos equipos consistoriales para llevar a cabo la normal administración de la institución, se ha debido exclusivamente a la desafiante contumacia de fabricar funcionarios innecesarios, a fin de garantizarse la indubitada permanencia en la cabecera del pesebre capitalino, aprovechando la fidelidad del voto de los afortunados beneficiarios y el de sus familiares cercanos.
Existe una regla matemática de incuestionable objetividad, cual es la de que dos y dos son cuatro, que ni los más capacitados científicos con sus rutilantes ingenierías ponen en duda, dada la naturaleza del principio, y que con lógica y pertinaz reiteración tratamos de exponer.
Si con la privatización del servicio del agua, los beneficios de la entidad son muy sustanciosos, amén de los que se embolsaría la empresa adjudicataria, garantizando la permanencia de la plantilla laboral ¿quieren aclarar a la sociedad leonesa qué papel representan los gestores en cuestión, además de embolsarse envidiables emolumentos económicos y otras prebendas adicionales? Sólo nos queda constatar que la de consumados e incalificables burócratas, cuya misión consiste en obstaculizar una sana y positiva cuenta de resultados, poniendo de manifiesto la necedad de su formación y el arribismo de sus ambiciones. Si tenemos en cuenta que la política es la actividad de los que deben regir los asuntos públicos con un comportamiento ejemplar, ¿cómo podemos catalogar la actuación de los titulares de las distintas parcelas del consistorio cuando los resultados de su gestión desembocan en unas pérdidas desenfrenadas? ¿No deberíamos rebajar la política a la deshonrosa categoría de mafia de vividores?
El Ayuntamiento de León pasa por ser uno de los que más y mayores impuestos recauda de toda la Comunidad. De ahí el hecho de la última y escandalosa subida del IBI cercana al 30%, inútilmente recurrida, y que una vez más pone en evidencia la incapacidad e inutilidad de los gestores para conseguir recursos con el trabajo, pero sí con la aberrante e inaceptable comodidad, rayana en la práctica confiscatoria, de la subida indiscriminada de impuestos. Ahora bien, vivimos de esperpénticas fantasías, como es la de instalar un «romántico» tranvía, emulando la grandiosidad de la ciudad de Los Angeles de «Obama». León posee una envidiable flota de autobuses, con un más que suficiente servicio, amén de un estupendo parque de taxis, colmando ambos las necesidades capitalinas y las de su alfoz. Si la cosa va en serio y continúan con el proyecto, tendremos en breve plazo que hacer frente a disparatadas subvenciones, tanto de autobuses como de la «joya» de los raíles. ¡Vivir para ver!
Presentado el modesto análisis, del que solamente puede extraerse la buena voluntad de exponer la realidad de los hechos, pasamos a la humilde y vehemente fórmula de aconsejar las vías de escape a esta anómala situación, que pasa por plantearse la necesidad de sustituir el título de político/a por el de gestor contable, dependiente de alguna consultoría administrativa, y de esa forma activar la responsabilidad de los funcionarios, incentivando su estímulo y la dignidad de la profesión. Puede enjuiciarse la receta de auténtica frivolidad y carente de sentido; pero si falla la dirección de la empresa y el ánimo de los trabajadores, apelaremos a la milagrería de los «dioses del Olimpo» a que resuelvan la desidia y desatención para con las normas de obligado cumplimiento. No entendemos la lucha entre partidos: los unos a favor del remedio de la privatización, los otros en contra, por aquello de que la oposición ha de ejercitarse sin límite a las consecuencias. Ni los unos ni los otros hacen autocrítica de su pésima gestión. En el fondo están de acuerdo en que no peligre en modo alguno la bicoca que disfrutan, dejando a un lado la obligada transigencia de los sacrificados/as leoneses/as.
La situación que se vive en el Ayuntamiento de León, bien puede extrapolarse a los distintos lugares de España, comenzando por el Gobierno Central, autonomías, diputaciones y demás instituciones político-administrativas, donde la austeridad en los gastos superfinos brillan por su ausencia, demostrando que los políticos/as son el lastre que arrastra la Administración en una proporción muy considerable, salvándose solamente una mínima representación, por aquello de que de todo debe haber en la «viña del Señor». No es nuestro propósito aumentar el descrédito de los políticos/as, ni de estigmatizar la imagen de su dignidad. Solamente tratamos de recordarles el juramento o promesa a realizar el cometido para el que han sido elegidos/as y evitar la amnesia que les produce la «borrachera» del poder, y no cambiar el deseo del servicio a los ciudadanos/as por el servirse de los incautos que les elegimos. En esta coyuntura tienen la oportunidad de que en un rasgo de generosidad, distraigan una parte de sus percepciones económicas, que en modo alguno mermará la preponderancia de su envidiable status, y así paliar, al menos en parte, las necesidades más acuciantes que padecen los que están o se van al paro y demás desfavorecidos. No es justo y resulta provocador, la noticia de que a los eurodiputados les van a subir las cuantiosas retribuciones que disfrutan en una cuantía de 4.000 euros al mes. Los más «altos» reciben muchísimo más, los más necesitados no reciben nada. Quédense con la copla.