CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER

Los gallegos ganan

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VICTORIANO CRÉMER
León

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NO SE SABE por qué clase de influencias de brujas y meigas, los gallegos de Galicia consiguieron dejar las cosas como estaban, quizá aceptando aquello de que haberlas haylas, el caso es dar con ellas.

España entera, como cuando juega el Real Madrid y el Barcelona, se establecieron en localidades cómodas y esperaron a que los jugadores cumplieran con su deber, que de pagar ya se hablaría.

Los señores de Vasconia o de Euskadi que también se dice, lo tuvieron más difícil: Los vascos suelen ser tozudos y duros jugando siempre, incluso cuando de elecciones se trata, hasta dejar en la contienda el aliento.

Y esta vez el juego se produjo con diversidad de estilos: Mientras los gallegos fueron a por lo que consideraban suyo y lo consiguieron, los vascos posiblemente es que se empeñaron en cambiar el rumbo de las estrellas y se estrellaron un poco.

Cuando me dispongo a pergeñar esta crónica entre política y deportiva, no se sabe si los del árbol simbólico dará los frutos a los que aspiran los nacionalistas o se tendrán que conformar con lo que resulte de los pactos, contactos y uniones que se produzcan entre los unos y los otros.

pero ya no será lo mismo. Y no porque el que mayor dolor produce pueda ser el que pega primero, sino porque puede suceder y a veces también sucede que el segundo en liza no acabe de llegar.

El hecho y el derecho es que se acabaron los dos tanteos más sensibles y esperados en unas elecciones parciales, en las que los restantes españoles ni pintan ni cantan.

Son lisos y llanos espectadores con la localidad pagada de antemano por el respectivo partido en lucha. Y claro es, ganó el equipo que puso más ilusión y temperamento de ganador, el gallego al cual no deja de aconsejar el castellano de Castella:

«Castellano de Castella / tratados ben os galegos / cuando van, van como rosas / cuando veñen como negros...». Y ustedes perdonen el galleguismo que me traigo, pero es que con el vasco no acabo de dominarle.

El terremoto electoral celebrado el pasado domingo movilizó a media España y a un cuarto cuando menos de la Europa por la que anda nuestro jefe de Gobierno, buscando tres pies al gato de los dineros sin acabar de dar con ellos, pero el fuerte de la operación para los G-20, por ejemplo, está a punto de llegar y hemos de prepararnos para ello.

Porque no se trata de una simple acción de contacto con los afines sino de una derrota en toda la línea de navegación.

Se está preparando la estrategia para la Gran Venganza y la otra parte de la España peleona espera cubrirse de gloria.

En tanto se produce el milagro que todos esperamos, se cierran comercios y se congelan industrias. Los índices económicos sufren fuertes quebrantos y entre el fragor de la batalla, los gobernantes, desde el gran chambelán hasta el humilde monaguillo de todas las ceremonias juegan al mus, como los borrachos del cuplé:

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¡Ay, Marilú, Marilú, Marilú, que ya no podemos vivir con tanta luz!.