Diario de León

HISTORIAS DEL REINO | MARGARITA TORRES

La moral del miedo

Publicado por
MARGARITA TORRES
León

Creado:

Actualizado:

DESDE hace cinco años una familia pide justicia. Me refiero a la de la joven Sheila Barrero, encontrada muerta en Cerredo cuando salía de trabajar y regresaba en coche a su casa. Fue su propio hermano quien halló el cadáver, con un disparo en la cabeza, sola en el asiento del conductor, sesgada su vida por un cabrón cobarde. Primero esperaron justicia acorde a manera y derecho, más tarde, conforme el tiempo pasaba, desesperados ante la falta de resultados; después, preocupados al ver cómo el único sospechoso del asesinato quedaba en libertad.

Conozco a suficientes servidores de la ley como para afirmar que la mayoría se dejan hasta el alma en su trabajo, pertenezcan a la Policía, la Guardia Civil o ejerzan su oficio como fiscales o jueces. ¿Por qué entonces es el silencio el resultado final de un arduo trabajo, de semanas o meses de investigación? El sistema español garantiza unos derechos que costó cimentar sobre la democracia, en virtud de los cuales todo ciudadano es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Afortunadamente es así, no hay que olvidarlo. Pero ello no despeja la preocupación ciudadana ante el problema de la creciente inseguridad, ni consuela a la familia de Sheila, a la de la joven Zapico, o a la de Marta del Castillo, o a las de tantos otros buenos muchachos cuyos futuros truncaron un puñado de canallas cobardes.

Solicitan los parientes de Sheila Barrero que el presidente del Gobierno los reciba igual que ya hizo con los de la pequeña Mari Luz o los de la joven Marta. Sería todo un gesto por su parte, desde luego. Guste o no, en la calle, entre la ciudadanía, entre los votantes, en fin, se habla de endurecimiento de penas, de cumplimientos íntegros de ciertas condenas, incluso de la cadena perpetua, aunque ante ellas los políticos cierren los ojos, los oídos y se tapen las bocas incómodos con semejante petición de cambio en la dureza de la ley.

Ya hemos abordado en alguna ocasión que el problema de esta sociedad se sofirma sobre sus cimientos débiles. Los mismos que castigan a una madre por un bofetón a un hijo asilvestrado, pero no cercenan al bestia que maltrata en repetidas ocasiones a su mujer hasta que la mata porque era suya; idénticos a los que autorizan a una panda de adolescentes con granos a sacudirle una buena tunda a un anciano desvalido; semejantes a los que autorizan a un sinvergüenza desgraciado a reírse de la justicia y de los padres de Marta del Castillo. Ya está bien.

Todas estas cuestiones, y el miedo a admitir un debate presente entre los españoles, evidencian una democracia débil, insegura, incapaz de afrontar un problema real con la madurez suficiente para discutir sus pros y sus contras antes de tomar una decisión. No debe atemorizarnos plantear este debate, después de casi siete lustros de libertad. Sin llegar a la perpetua, bastaría el cumplimiento de treinta años reales en chirona, sin posibilidad de remisión ni de ventaja carcelaria, para que estos canallas que se burlan de la vida humana se lo piensen dos veces. Desde luego, tal y como vamos, nos puede el temor y no sólo a esos bestias. El debate ciudadano siempre resulta enriquecedor, el silencio muestra cobardía.

tracking